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Archivo de la categoría: Cuentos con suspenso

fotosdelainfraccion.com

La directora inauguraba la IV Exposición Fotográfica del Colegio Nacional. Todos los alumnos pudieron participar siguiendo las consignas habituales, controladas por la Comisión Organizadora compuesta por profesores de la casa y representantes del Municipio.

“Vida y obra de mi ciudad” era el tema de ese año.

Más de mil fotografías estaban expuestas, tal el interés logrado entre los alumnos. La cámara digital facilitaba la puesta ya que se podía disparar hacia el objetivo infinidad de veces y luego en la computadora seleccionar lo mejor, y a bajo costo ya que hasta la impresión de las imágenes las puede realizar el interesado. Ya no hace falta película ni laboratorio, cada uno puede transformarse en un experto fotógrafo.

La variedad de temas fue incalculable ya que jardines, flores, niños en el parque, viejos al sol, mascotas demostrando sus habilidades y todo lo imaginable aparecían en el papel impreso. Los títulos de las fotos eran otro hallazgo ya que la imaginación juvenil no tuvo límites y así se leía “Abeja traviesa tomando sol”, “Caída del sol sobre mi terraza”, “Niños jugando”, “Maldito cigarrillo”y siguen los títulos. “Fotosdelainfracción.com” fue corregido, se le agregó el acento, por una profesora de castellano que no sabe nada de informática ya que las direcciones en los sitios web utilizan palabras prosódicas. Fue la comidilla de los alumnos provocando risas y burlas.

Los trabajos eran anónimos, números y letras reemplazaban al nombre del autor.

Los presentes tenían derecho al voto. A las 20 horas se abriría la urna y se haría el recuento para saber quién ganaba el concurso.

 

Juan Baldomero, desde hacía tiempo, había ajustado su cámara digital para hacer una serie de fotos cómicas de sus compañeros de clase.

Los atrapaba haciendo pis fuera del mingitorio, en calzoncillos en el vestuario, espiando a sus compañeras mientras se duchaban y todas las travesuras posibles de los alumnos varones del segundo curso.

La cámara digital ya formaba parte de su anatomía y le permitía aventurarse más allá de lo que se permite un adolescente de apenas catorce años.

Su timidez lo limitaba aunque la iba superando de a poco. El pretexto de las fotos le daban cierto aire de importancia, quería hacer algo distinto y la publicidad de la Intendencia le abrió las puertas a su deseo.

“Denuncie la infracción” decía el cartel. Su padre le hizo saber que durante su juventud la publicidad decía era algo así como “No se queje si no se queja”.

El concurso y la invitación del municipio a la denuncia lo indujeron a que con su cámara hiciera fotos de infracciones.

 

Llegaron las 20 horas y se abrió la urna que decidiría al ganador.

El tercer premio lo ganó Lucrecia Gómez de la cuarta división con la foto de una hormiga llevando una enorme hoja, la tituló “La carga más grande”.

El segundo premio fue para Esther Fonseca de la quinta división con la foto de una enfermera socorriendo a una anciana en la plaza principal y la llamó “Urgencia en la plaza”.

El primer premio fue para Enrique Estevez de primer año con la foto de un nido con sus pichones llamado “Hogar”.

El premio especial fue para Baldomero que fotografió al automóvil policial estacionado sobre las rayas blancas de los peatones y la llamó “La ley infringe la ley”.

Los cuatro fueron reporteados para la revista escolar y uno de los diarios barriales que se regalan sin costo alguno.

Los cuatro premiados tenían derecho a una exposición de sus mejores fotos en el Palacio Municipal. Así lo hicieron.

Baldomero en su inocencia  presentó las fotos picarescas de sus amigos y otras donde se veían infracciones cometidas a diario.

Ver a un policía hablando por celular desatendiendo su trabajo, la pila de basura y de fondo el camión que se va sin recogerla, vehículos mal estacionados, motociclistas sin casco, el cruce de vehículos y peatones con las barreras bajas, un chofer arrojando papeles por la ventanilla de su auto y un carrero azotando a su pobre caballo eran imágenes que cubrían su panel. Por falta de espacio, sobre una mesa apoyó dos carpetas llenas de fotos llenas de faltas que nadie corrige.

Baldomero causó sensación entre sus compañeros y los de otros colegios. Pronto fue invitado a ser el presidente del club de fotografía y más adelante el responsable del Centro de Alumnos.

Debió repetir hasta el hartazgo de dónde surgió la idea de hacer fotos cómicas, como las llamaban sus admiradores, además les explicaba la técnica a seguir. El entusiasmo de la población escolar por ese tipo de fotografías fue tan grande que pronto aparecieron varios sitios web ilustrando todo tipo de tropelías y trapisondas de alumnos y profesores, luego salieron a la calle a buscar más imágenes y así fueron inundando el espacio cibernético.

Los adultos restaron importancia al acontecimiento ya que la informática es tema de jóvenes y ellos están para cosas más importantes.

El juego de hacer fotos de la infracción fue creciendo y de un pùeblo pasó a otro y de ese a otro más y se sumaron las ciudades y así continuó creciendo.

Diarios y revistas especializados en informática hablaban del fenómeno en ciernes. El mundo adulto no demostraba interés ni se preocupaban demasiado por ese juego infantil. Ya pasaría como tantas cosas.

Cuando se brinda un esfuerzo de diez puntos, a la siguiente vez se exige otro esfuerzo mayor, si se brinda de quince, a la vez siguiente se deben dar veinte y así la exigencia se extralimita. Para mantener la novedad de fotografiar a la infracción hubo algunos aficionados que se transformaron en “paparazzi” y comenzaron a perseguir, casi a hostigar, a la gente del espectáculo, pero no conforme con ellos la emprendieron con gremialistas y políticos.

Las infracciones del hombre común provocan risa pero las del hombre público no. Los jóvenes ignoraban esta verdad.

Fotos comprometedoras de intendentes, diputados, ministros y senadores aparecieron en la red.

Los adultos criticaban al Ministro de Salud que probando la comida del Hospìtal Materno Infantil puso cara de asco, la imagen no mentía. Llamó la atención la foto del gremialista viajando en un gran auto importado de precio prohibitivo para el común de la gente. Así la opinión pública dejó de leer los complacientes diarios para ver los sitios de esos traviesos niños.

Se acercaba la época de elecciones. Baldomero y sus seguidores causaban gran preocupación.

La Directora de la escuela citó a sus padres y les pidió que intervinieran para que su hijo dejara de faltarle el respeto a las autoridades constituidas y así evitar problemas y escándalos.

No hubo cambios.

Baldomero recibió una sanción escolar por llegar tarde a clases. Fueron varios alumnos los retrasados pero sí fue el único que recibió un castigo.

Ese mes el papá tuvo problemas al cambiar el cheque de su salario. A los pocos días la abuela tuvo inconvenientes en cobrar su jubilación. La compañía de gas debió cortarles el suministro porque había una pérdida en la cañería y así continuaba la vida familiar, llena de pequeños problemas que si bien se iban solucionando no dejaban de ser una molestia.

A todo esto el niño había abandonado su sitio “fotosdelainfraccion.com” pero…las fotos se reproducían cada vez más. Había cobrado vida propia y era imposible parar el juego. Otros hackearon el sitio y ya era inmanejable por Baldomero.

 

Había pasado el fin de semana largo. Ese lunes Baldomero no fue a clases. Los chicos lo fueron a buscar y en su casa no había nadie.

Se habían marchado.

La directora recibió la carta de despedida firmada por toda la familia. Se mudaban lejos para evitar inconvenientes. Ella y el Intendente no entendieron el porqué de su alejamiento y así lo declararon al periodismo: “Esta tierra de libertad que acoge a sus hijos con todo cariño, donde se protege al ciudadano y el futuro está presente para todo el que quiera vivir entre nosotros, lamenta la ida de tan amada familia”

 

Felizmente esto es un cuento. 

 

EL LEGADO

La mañana era fría, lluviosa y no sentía placer al tener que salir.

Las calles húmedas y grises acompañaban mi curiosidad.

Jamás creí vivir semejante situación.

Así se dieron las cosas.

La reunión se llevó a cabo en la galería central. Última oficina, al fondo.

Mis primos, mi tío, los abogados y los médicos esperaban. Llegué justo a horario. Escuché las campanadas del viejo reloj dando las diez horas.

En la mesa central estaba el cofre. El abogado de la familia lo abrió y entregó el sobre lacrado al notario oficial.

Éste lo revisó comprobando que los sellos estaban intactos.

-Señores-dijo-iniciaremos el acto con la apertura del sobre y lectura del legado de doña Esperanza Bravante Espinoza de Robles.

Un gran silencio invadió la reunión.

Se leía en los rostros la angustia y curiosidad de los presentes, excepto de mi tío Gerardo.

El documento decía, según recuerdo, más o menos así:

                                                       Cuando se lea este documento es porque ya no pertenezco a este mundo. Con mis facultades mentales en plenitud y sano juicio he decidido repartir la herencia familiar de las cuales soy la administradora y única heredera. Por ello con mi abogado y médico de cabecera como testigos es que:

                                                       Dejo a mis queridos hijos todas mis alhajas y propiedades. A mi fiel sobrino (yo) la cabaña a orillas del mar. Al hospital de Maternos, del cual mi madre fue la fundadora, los pisos de la avenida Las Heras y sus ganancias de alquileres.

Si mi fallecimiento sucediera de forma natural, lego a mi leal marido, la renta de mis campos…

Así concluyó la lectura.

Silencio absoluto.

Sólo tío gesticuló mascullando algo.

Todos sin excepción, comprendimos o creímos comprender la naturaleza del extraño e incomprensible accidente que sufriera tía Esperanza.

 

 

KUNTUR

El primero de agosto nos reunimos para beber caña con hierbas medicinales.

De no haber previsto para esta fecha la llegada del ritual nos conformamos con caña con ruda, grapa con ruda o algunas adaptaciones a la ofrenda.

Preservar la salud es el principal motivo que nos lleva a tomar una copita.

Me cuentan que la motivación fue otra.

 

Estando en el norte argentino unos paisanos que casi no hablaban castellano, mezclando su quechua con el español me explicaron el origen de este hábito:

 

-Pachamama siendo la protectora de la agricultura exigía ante cada cosecha la Challa (ofrenda) de parte de lo obtenido, por tal motivo las familias cocinaban y le daban de comer depositando los alimentos en el río o arroyo más cercano.

Cuando elaboraban sus bebidas, antes de llevar el líquido a la boca, arrojaban una parte a la tierra como agradecimiento-. Este homenaje me hizo recordar los escritos del poeta persa “Omar Khayyam” que en su “Rubaiya”dice que antes de beber su vino le daba de beber a la tierra que era su proveedora.

-Cigarros, coca y golosinas también eran entregados ya que lo ofrecido retornaría con creces.

Si no se cumplía con lo pactado se corría el riesgo de sufrir enfermedades, pestes, sequía o grandes tempestades.

El temor religioso y el amor profundo a la Pachamama hizo que los sanadores incluyeran hierbas medicinales en la bebida ofrendada. Así la Madre Tierra estaría sana y fructífera.

 

Los criollos vieron con curiosidad que yo tomaba nota sin perder detalle de todo lo dicho, entonces me invitaron a escuchar un legendario relato del que ya algo sabía por haber leído a ciertos autores como “Fray Mocho”, “César Dávila Andrade” y a “José María Rosa” entre otros, que se ocuparon del tema. La narración del cuento no es la misma aunque el fondo de la cuestión sí. Atributo de la cultura oral.

 

  La historia de Kuntur.

-Se trata de la misma creación del mundo y sus futuras disputas.

 

Viracocha había decidido que el centro del Universo sería Pachamama (la tierra) a la que había dotado de montañas y valles; aire puro; mares, ríos y arroyos; árboles, arbustos, frutos y maíz; llamas, vicuñas y aves; animales domésticos y salvajes.

Todo el reino mineral, vegetal y animal estaba completo.

Como culminación de su obra creó al hombre y a la mujer. Ambos se reunirían y vivirían con la Ayllu (que es la unidad familiar). Les dio el uso de la razón y la libertad de discernir, los sentimientos y el amor por el arte.

Formó a Inti (el sol) para que luminara los días y calentara del frío, y a Mama Killa (la  luna) para que cuidara las noches.

Viracocha concluyendo con la tarea de la creación, satisfecho, se retira a descansar.

 

Con el correr del tiempo y ante la ausencia de Viracocha, Inti y Pachamama cobraron tanta o más importancia que Él.

Inti veía con cierto recelo que los hombres se esforzaran por agasajar a Pachamama y a él no.

Conciente de que Viracocha se estaba retirando decidió que era el momento de solicitar su challa.

Los hombres sorprendidos y enojados por el doble esfuerzo que significaba tanta ofrenda reclamaron a Pachamama que intercediera ante las demandas de Inti.

Ella protectora y orgullosa de sus hijos discutió con el sol. Éste arrogante y enojado decidió demostrar su poder.

 

Grandes calores y sequías invadieron los verdes prados quemando las plantaciones y dejando hambrientos a sus pobladores, luego Inti se escondió detrás de las nubes y provocó fuertes heladas, diezmando a todo lo viviente.

Pachamama se dejó llevar por su tozudez y decidió pelear abiertamente contra Inti.

A su vez Inti invadido por una furia incontrolable olvidó que eran hermanos del mismo Padre y pensó en dar batalla.

Ambos sin razonar querían probarse y ver quién era el más fuerte.

La lucha fue ardua y sin resultados terminantes.

Una tregua fue prevista.

No confiaban el uno del otro y en silencio se preparaban para un ataque sorpresa.

Pasó mucho tiempo, la pelea parecía terminada y los motivos olvidados.

 

Aquel primer día de agosto los hombres realizaron sus ofrendas a Pachamama y bebieron alegres y confiados.

Pachamama estaba conforme.

 

Inti celoso reavivó su sed de venganza.

Retiró sus rayos de luz y el frío atacó impiadoso.

 

Los hombres, llevados por su amor propio y sin consultar a Pachamama, creyeron que había llegado el momento de dar un escarmiento y asustar al molesto sol.

Soberbios pensaron un plan para atacarlo.

Sería por la noche mientras Inti duerme.

 

 

Hablaron con Uthurunku (el puma) que es tan fuerte y valiente.

Sabían que el león con unos pocos zarpazos lastimaría a Inti. No haría falta mucho más. Sólo herirlo. El mensaje ya estaría dado.

El puma estaba dispuesto pero ¿cómo llegar a Inti si no hay árboles tan altos para trepar hasta su presa?

No hubo respuesta.

Los hombres afligidos miraban hacia arriba y buscaban cómo solucionar tal problema.

El puma se retiró.

 

¡Kuntur!…

 

Kuntur (el cóndor), dijo alguien.

Es nuestro símbolo y el habitante de los cielos.

Es valiente y fuerte, podrá volar y atacar con su fuerte pico a Inti. Además los cóndores siempre vuelan buscando la luz. Él podrá hacerlo.

 

Kuntur, con su escasa inteligencia se dejó convencer y vanidoso voló entre los picos de Los Andes mostrando todo su esplendor y gallardía.

Desplegaba sus alas y giraba sobre los hombres mostrando su habilidad para surcar los cielos.

Su objetivo era Inti y su rumbo era dirigirse hacia la luz.

Al llegar clavaría sus garras y con un solo tirón de su pico desgarraría a su sorprendida víctima.

Luego descendería triunfante para seguir siendo el ídolo de los hombres.

Estaba decidido, a la mañana siguiente subiría hasta Inti y allí demostraría lo fuerte y peligroso que puede ser.

 

Inti se enteró de lo pactado entre los hombres y Kuntur.

Ante el eventual ataque él también trazó un plan.

 

Esa noche envió a tres de sus mejores guerreros: Sapaki (el solitario), Atipaj (el vencedor) y Wayna (el joven).

Debían llegar a la cornisa de la montaña donde descansaba el cóndor.

Los tres ascendieron entre las sombras. Silenciosos se acercaron al nido.

El cóndor dormía profundamente.

Sapaki y Atipaj maniataron a Kuntur.

 Wayna con un haz de luz que Inti le había entregado como única arma cegó al animal. Éste presa del sueño no se dio cuenta del ataque sufrido ni de las consecuencias del mismo.

 

A la mañana siguiente Kuntur se sintió distinto.

No se detuvo a pensar porque no sabía hacerlo.

Inició su vuelo vertical directo a Inti.

 

Ascendió, ascendió… ascendió.

 

Buscaba con desesperación.

Su vuelo vertical hacia la luz no se detenía.

Seguía ascendiendo y seguía…

Buscaba con desesperación la tan anhelada luz del sol.

Subió hasta quedar exhausto.

Su corazón estalló.

Cayó derrotado al vacío.

Pachamama, Inti y los hombres fueron testigos de lo ocurrido a Kuntur.

 

Viracocha al enterarse de lo sucedido regresó preocupado y triste.

Recogió y guardó los restos del impulsivo cóndor.

Comprensivo y con gran amor persuadió y exigió la paz entre Inti y Pachamama.

Obedientes aceptaron.

Inti fue alejado de todo lo creado y desde ese día, como para compensar, sería el centro del universo.

A los hombres les recriminó sus conductas y les pidió que meditaran ya que los había dotado de razón y aunque eran libres de actuar debían hacerlo para el bien.

 

Pasó el tiempo.

 

Viracocha esperó con su infinita paciencia y como buen padre al ver a sus hijos en armonía se sintió feliz y se retiró a descansar.

 

Los hombres aprendieron su lección.

 

Con el correr del tiempo…

Muchos han olvidado lo sucedido a Kuntur.

 

 

 

 

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EL TECHISTA

Fue hace tanto tiempo que diría que sucedió en otra vida.

Lo conocí en el edificio de Defensa 120, estábamos en el sexto piso convocados por el Secretario de Estado.

La reunión tenía que ver con un futuro proyecto para proteger a los “chicos de la calle”.

El encuentro fue un intercambio de ideas donde el Señor Secretario nos dejó exponer y escucharnos a todos los presentes.

Siempre fui un charlatán y esta reunión me permitió demostrarlo una vez más. Supongo que mi entusiasmo o mi juventud le llamaron la atención. Un señor mayor me incitaba al diálogo y no dejaba de preguntarme sobre mis proyectos, acepté el envite con ganas y respondí a todas sus inquietudes.

Con el tiempo los proyectos, una vez más, se diluyeron, pero no dejó de ser interesante la relación con este personaje.

Al terminar me invitó a tomar algo. Acepté.

Al bajar salimos y nos encontramos con una manifestación de obreros portuarios en apoyo a Isabel y contra López Rega. Recuerdo que el día era frío aunque con sol. La Plaza de Mayo estaba llena y las banderas y pancartas marcaban un avance de la juventud dando por tierra con la vieja burocracia.

Juntos nos fuimos a tomar el café. Evitamos hacer comentarios referente a los manifestantes.

Nos sentamos y él se encargó de pedir. El mozo dio muestras de conocerlo.

No me preguntó mi filiación política ni qué ideología tenía. No hizo falta, todo había sido expuesto.

 Estaba entusiasmado con el proyecto de ayudar y en lo posible de mechar y poner en marcha las ideas del primer peronismo.

-Sos un pibe leído y yo un laburante, viejo militante, con muchas marcas en la espalda.

Bebió su café. Se quedó pensativo. No sé cuántas cosas pasaron por su cabeza.

Por mi parte, no sé si supe medir sus palabras. Entre mi impulso juvenil y aquella época de locura no me daba tiempo para ciertas cosas.

Resultó ser de profesión techista.

Había estado detenido después del golpe del 55, le habían aplicado, tiempo después, el Plan Conintes y ahora como premio era el Delegado del Ministerio en el Partido de La Matanza.

- No me la pillo, sé que soy un soldado raso y hago lo que puedo. Nosotros dos tenemos el mismo idioma pero por caminos diferentes. ¡No importa! Debemos ayudarnos por el bien común.

Lo escuchaba fascinado y no afirmaba ni contradecía nada de lo que decía. Sólo escuchaba.

Tenía ganas y necesidad de hablar. Me contó infinidad de cosas de su vida, de sus luchas y frustraciones, de la esperanza que resurgía en él. De que aquellos niños privilegiados tenían, hoy, la oportunidad de hacer y saldar las deudas con el país.

Habló mucho. Me contó de sus planes. Intimó conmigo como lo haría con un viejo amigo.

Pidió otra ronda de café.

Me dijo que si pudiera escribir contaría sus memorias. De repente me señaló con su índice.

-A vos que te gusta escribir, en tren de confianza, te voy a contar una historia que cierta vez me pasó.

Mientras el “Loco Giménez” estaba exiliado vaya a saber por dónde, escapando de la Libertadora, con unos compañeros decidimos arreglarle los techos a la madre del loco, ya que a la pobre vieja le llovía por toda la casa y no tenía un mango para gastar en arreglos.

-¿Dónde fue eso?

- Vos que conocés La Matanza te vas a ubicar, era allá por las antenas, cerca de la avenida San Martín y Crovara.

-¡Sí, conozco!

- Giménez era un mecánico de automóviles con gran habilidad para las máquinas, también tornero y de los buenos. Allá por esa época reparaba o acondicionaba todo lo que se le presentara. Cuando digo todo…es todo, ¿me entendés?

-¡Sí!, por supuesto…

 -La cosa es que un fin de semana nos fuimos para la casita a levantar las chapas y arreglarlas soldando con la autógena. Empezamos a desmontar los techos y al levantar las chapas tuvimos que llamar a la viejita urgente a que nos dijera qué hacer con las bolsas de lona que había escondidas atada a los tirantes de madera.

La pobre mujer que no sabía de qué le hablábamos y sin entender nada, antes de tomar cualquier decisión, miró las bolsas llenas de trapos y de inmediato nos preguntó si conocíamos a gente más humilde que ella para donárselas.

Nos miramos todos y casi lloramos de la risa.

El Negro Domingo, bruto como él solo, hizo un esfuerzo por explicarle y le respondió que esas bolsas no se las podrían dar a nadie ya que eran fierros de la resistencia y que con las armas no se jode.

Fue hace mucho, hoy es otra cosa…-Esbozó una risa melancólica mirando el interior del pocillo.

 

Me quedé sorprendido por el comentario pero de inmediato traté de ubicarme en la época y comprender la situación.

Terminamos los cafés y salimos.

Los muchachos, en la plaza, gritaban más que nunca.

 

 

Fragmento de “Se me pianta un lagrimón”

En homenaje al profe Julio B. de Ramos Mejía, Pcia de Bs As.

 

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AGRADABLES PESADILLAS

La interpretación de los sueños viene preocupando a la humanidad desde siempre.

Los persas fueron de los primeros en escribir los resultados de sus estudios, aunque hubo que esperar siglos  enteros para que los científicos del antiguo Egipto  formalizaran la interpretación de lo soñado. Los sanadores egipcios analizaron las características y las consecuencias del sueño como imagen y guía de vida. Resumieron, para los no iniciados, las conductas a seguir según lo soñado. Gran parte de la humanidad es dependiente y limita sus acciones a la interpretación de los sueños.

Quien cree en esa lectura, por lo general, suele tener un espíritu religioso.

Grandes hombres por su poder o inteligencia sucumbieron ante la tentación de leer su futuro. Muchos generales romanos iniciaban o no  sus campañas si los sueños (y los dioses claro está) eran favorables.

Verse en sueños sucio y desaliñado es mal presagio, caerse o perder dientes es para asustarse, el agua sucia es pobreza y el agua cristalina es buena noticia.

La numerología está asociada estrechamente a las imágenes vistas mientras dormimos, así es como la sangre representa al número 18, un muerto que hable el 48 y continúa la interminable lista.

¿Qué hay de cierto en todo esto?, mucho.

Freud anotaba minuciosamente todo lo soñado. Psicólogos y psiquiatras piden a sus pacientes recuerden sus sueños y en largas sesiones son tratados minuciosamente e interpretados con rigor científico.

Los profesionales de la salud mental usan a los sueños para hurgar en el pasado y mejorar nuestro presente.

Los adivinos lo tienen como recurso para ver el futuro.

No es el único método de adivinación pero sí muy popular ya que en muchos hogares suele hallarse un manual que descifre los sueños.

Volviendo a la interpretación, se dice que la presencia de la muerte en los sueños es frecuente y no siempre tiene el mismo mensaje. Soñar con la muerte o soñar con muertos puede parecer que significa un presagio de algo terrible, esto no siempre es así ya que a veces es un sueño muy bueno que puede ser interpretado como el fin de una etapa y el comienzo de algo nuevo.
Como en todo tipo de sueño cada persona encontrará el real significado en las situaciones que esté atravesando en ese momento determinado.
Soñar con familiares o amigos que ya están muertos puede significar que nos quedó algo pendiente, puede tratarse de una conversación, una despedida, una pregunta que no se hizo, tal vez un reproche o un pedido que no se atendió.
Si en la vida real esa persona con la que se sueña era alguien en quien se confiaba, puede significar que se tiene la necesidad de consejo y apoyo para resolver un conflicto o hay una sensación de desamparo y se necesita contención. La interpretación de este sueño, bastante común, depende del contenido emocional. Si se despierta con una terrible sensación real, puede ser que ha sentido el fallecimiento de alguien. Esto ocurre a las personas sensibles. Si este sueño es recurrente puede ser síntoma de un trastorno. Hay expertos con métodos alternativos que suelen orientar a quienes requieran de sus conocimientos.

En las personas de edad avanzada este sueño les ayuda a prepararse para su propia muerte. Sin embargo, si el sueño de produce sin sentir miedo o preocupación, representa una liberación de las preocupaciones actuales y significa lo opuesto a morir. Posiblemente una curación o un renacimiento está a punto de ocurrir en su vida.

Si sueña la muerte de un ser querido, es posible que carezca de algo en su vida que dicha persona representa. O, por el contrario, puede significar que esa persona ya no representa nada en su vida.

Soñar que está vivo un padre fallecido o una madre fallecida, es de muy mal augurio. Trae mala suerte. Soñar con alguien que se ha muerto y está vivo en su sueño puede ser una forma de intentar resolver sus sentimientos hacia ellos.
Si sueña con un conocido, que se murió hace tiempo, significa que hay algo en su vida actual o su relación actual que se parece a una faceta de la persona muerta. Si en el sueño habla con los muertos, significa que siente miedo por haberlos perdido y busca una forma de aprender a vivir la vida sin ellos. Tal vez necesita una oportunidad para despedirse de ellos. Dicen que los mensajes, que nos transmiten los muertos, son a tener en cuenta, porque nunca mienten y pueden decirnos cosas importantes o avisarnos sobre peligros inminentes.
Si sueña con un familiar o amigo muerto, significa que le está echando en falta y su subconsciente intenta revivir experiencias que vivió con él o con ella. Al intentar seguir normalmente con su vida diaria, estos sueños con personas fallecidas representan la única salida que tiene para asumir la pérdida o la muerte de un ser querido. Si soñara que sus padres fallecidos resucitan, es de muy buen augurio, anuncian momentos de felicidad y alegría. Si está casado y sueña con la muerte de su pareja, es malo, presagia ruina en su negocio. Si sueña que los muertos salen de sus tumbas y se ponen a comer y beber, es de muy mal presagio, ya que le está diciendo, que se acerca una época de vacas flacas a su vida. Seguramente, sufrirá penurias y fuertes problemas de dinero. Si  es una persona de buena salud y sueña que muere de repente, se alarga la vida.  Si en su sueño tropieza con un muerto, le anuncia una entrada importante de dinero. Si mantuviera una siniestra comida con un muerto, es de muy buen augurio, ya que le anuncia una larga vida.

Soñar con la muerte de un hijo, por horrible que parezca la idea, es de buen augurio, ya que significa que podrá evitar un peligro o un accidente; y también, que sabrá ganarle la partida a un enemigo. Si la que muere es una hija, es un mal presagio, ya que le anuncia una desgracia o un disgusto muy grande, que no podrá evitar.

“Los únicos que pueden hablar con los ángeles son los niños”.

María Grazia era una niña de siete años que vivía en un pueblo cercano a Cañuelas. Era una pequeña de trenzas oscuras con algunos reflejos rubios, con huecos en su boca ya que le estaban saliendo los dientes definitivos y le encantaba, además, saltar a la soga.

Su pediatra, su maestra y la profesora de danzas podían certificar que era una niña sana por donde se la mire.

Juguetona, estudiosa, de buen comer y de dormir como un lirón ya que siendo muy activa necesitaba del descanso reparador.

Su padre era y, sigue siéndolo, chacinero en uno de los tantos frigoríficos de la zona y su madre ama de casa, aficionada a su hogar y a las tele novelas de la tarde.

Hace ya tres años, un jueves de primavera por la mañana, María Grazia se levantó a desayunar y le contó a su mamá que había soñado con los abuelos. Le dijo que la abuela Clara la felicitó por las hermosas trenzas que tenía y que ella nunca logró que vos las usaras porque no te gustaban y si ella insistía te despeinabas y te hacías una cola de caballo con un moño de color rojo que era enorme.

La mamá la escuchaba en silencio y a cada palabra de María Grazia le corrían lágrimas por sus mejillas.

Comentó que el abuelo tenía la voz ronca y que la abuela no pronunciaba la “r”, ¿por qué habla así?, preguntó con curiosidad.

Pasada la sorpresa y todavía perpleja, tardó unos minutos en reponerse del comentario de su hija. Recordó, en silencio, las veces que su madre insistía con las trenzas y ella ante las burlas de sus amigas se las deshacía y las transformaba en una abultada coleta. Pero, ¡si María Grazia no conoció a sus abuelos!, ¿cómo pudo saber el detalle de sus voces?

Desconcertada aguardó la llegada de Alejandro.

 Ante lo curioso de la novedad decidieron esperar a ver si se repetían o no los sueños. En realidad estaban desorientados.

La mañana del sábado María Grazia le preguntó a su mamá: –Los sábados, cuando crezca, ¿me vas a llevar a bailar como lo hacía la abuela Clara?

-Cuando llegue el momento hablaremos, por ahora no es necesario tratar el tema- se esforzó por parecer natural en su respuesta, no quería que la niña se diera cuenta de su preocupación y se sintiera rara. El corazón se le saltaba del pecho.

No obstante ese domingo Nilda fue a la iglesia, como de costumbre, y pidió una misa a nombre de sus padres ya que, según ella sabía, cuando los muertos se presentan es porque les pasa algo y una oración siempre ayuda.

Días después, otra mañana, al levantarse, María Grazia comentó:- Sabés mamá que los abuelos me visitaron- así definía María Grazia sus sueños- y me contaron que ahora están más juntos que antes y que ya no piensan en separarse.

Nilda sintió un escalofrío y recordó las discusiones y las múltiples separaciones de sus padres. De pronto cayó en la cuenta que María Grazia no podía saber esas cosas ya que ella nunca hablaba de aquellas peleas parentales, era un tema no superado y odiaba hablar de ello. Cuando Alejandro llegó del trabajo lo encaró para saber si él había hablado delante de la niña de esas viejas y vergonzantes historias. Ale le juró y le insistió en que jamás había hablado ni hablaría con nadie de esos temas tan caros y privados de la familia.

Nilda empezó a vigilar a María Grazia porque sospechaba que dormía mal y esas pesadillas la harían imaginar lo que soñaba. En realidad no sabía qué hacer y no se animaba a reconocer esta realidad que la superaba.

Es común que ante la dificultad de lo distinto, los más allegados, se asusten y en un principio no acepten que, en este caso, su hija, necesitan ayuda. Duele y perturba.

Esperó…

María Grazia, como de costumbre, dormía profundamente y cada tanto esbozaba una sonrisa de satisfacción. Nilda velaba el sueño de su hija.

Varias noches pasó despierta al lado de la nena y nunca notó nada anormal.

-¡Mamá!

-¿Qué María Grazia?

-Nunca voy a comer ciruelas.

-¿Y eso a qué viene?

-La tía Elvira me contó que papá casi se muere porque el carozo de una ciruela se le atragantó y se estaba ahogando.

-¿Hablaste con la hermana de papá?

-¡Sí!, también me cantó una hermosa canción. ¡Qué linda es la tía y qué bien canta!

Nilda habló de inmediato con Alejandro.

La niña seguía contando historias que no podía saber y además continuaba hablando con parientes muertos antes de que ella naciera. Algo andaba mal y era muy extraño. Las pesadillas se estaban repitiendo y los nervios le estaban haciendo estragos. Tenía miedo y se sentía morir. Tenía la horrible sensación de estar perdiendo a su pequeña.

Se fueron a ver al pediatra. El médico los derivó al psicólogo del sindicato.

Nilda y Alejandro tuvieron varias entrevistas y decidieron iniciar sesiones de terapia familiar con María Grazia incluida.

La niña se resistió a cambiar sus hábitos y juegos por las entrevistas con el psicólogo. No obstante las sesiones la divertían y fue contando detalles de sus sueños con parientes y amigos de la familia que, a su vez, le contaban viejas historias que ella nunca hubiera podido saber.

Cierta vez María Grazia le contó a sus padres algo distinto. Sentía que flotaba entre las estrellas y que desde arriba los miraba mientras dormían.

Recordó que otra vez estaba buceando en el mar que era muy azul y en medio de mucha vegetación encontró una pequeña puerta, vieja y de color verde oscuro que trató de abrirla para entrar a un túnel pero no pudo porque se despertó.

En uno de los encuentros de terapia familiar María Grazia narró una historia que no tenía nada que ver con familiares o amigos.

Ella vestía toda de blanco y se encontró en un pasillo cerrado pero iluminado por el sol ya que tenía el color del sol reflejado en el piso, en las paredes y el techo. Al principio tuvo un poco de miedo, pero el túnel era tan lindo que comenzó a caminar y llegó al final donde se encontró con una plaza enorme, con plantas llenas de flores y árboles llenos de frutas y un bosque grande. El cielo era muy celeste y no tenía ni una nube.

Una persona vestida como ella, de blanco, estaba esperándola y al recibirla le acariciaba el pelo. Se parecía mucho a las estatuas de los que tienen alas, un ángel, pero no era un nene, era más grande.

 -No hablaba pero nos entendimos- dijo María Grazia.

Pasearon un rato por el parque y a un costado había mucha gente que la saludaba levantando las manos y ella les respondía de la misma manera. No había ruidos y era todo muy agradable.

Estaba disfrutando su paseo muy cómoda y era todo muy lindo pero de pronto sintió ganas de estar con mamá y papá y se lo dijo a su amigo. Entonces Él la acompañó hasta el túnel, le dio un beso de despedida y por allí regresó a casa.

El impacto de aquella historia provocó mayor desesperación en los padres. Esta situación tan anomal estaba haciendo estragos en la pareja.

Durante el otoño siguiente los responsables del departamento de salud del sindicato les dijeron que era un caso especial pero no una enfermedad grave, que la fantasía de María Grazia se iría encaminando y era sólo cuestión de tiempo.

Nilda y Ale no lograban controlarse y cada mañana era una angustiosa guerra de nervios por escuchar las novedades que se traería María Grazia.

Por no quedarse de brazos cruzados y casi sin esperanzas decidieron visitar a una bruja, de las buenas, de las blancas, según ellos. La curandera se interesó en el caso, escuchó atentamente a María Grazia, le hizo cerrar los ojos, la tomó entre sus brazos y la curó. A los padres les aconsejó rezar, rezar mucho por los espíritus que la visitan y rezar por la niña para que deje de tener esos sueños.

Pasada la experiencia, los sueños continuaron.

Un primo les recomendó un centro de parasicología y para allá fueron.

María Grazia dando muestras de cansancio se negaba a las nuevas entrevistas y lloraba cada vez que la exponían y la obligaban a contar sus historias.

Como defensa, la niña alegaba que lo que le pasaba era sólo para contarle a ellos: sus padres.

Pero unos y otros, con buena intención o como simples curiosos, insistían en informarse ante este fenómeno pocas veces visto.

Los padres atemorizados continuaron probando todo tipo de tratamientos y no hallaban consuelo.

Hubo un hecho muy fuerte que inició un brusco cambio en la vida de la niña.

En el patio de la escuela, en esas reuniones de juegos y chismes que hacen los niños, María Grazia contó lo que le estaba pasando. Sus compañeritas se asustaron mucho pero se esforzaron en no creerle, típica defensa ante lo desconocido.

Pasaron los días y todo quedó en el olvido, las clases y los recreos continuaron como de costumbre.

Los adultos estaban fuera de este secreto a voces.

Llegaron las vacaciones de invierno y así como llegaron se terminaron, debieron regresar a clase.

En uno de los recreos, en el rincón de juegos, estaban saltando al elástico y de repente Josefina acusó a María Grazia de hacer trampa y se pelearon fuerte.

A los gritos armaron un escándalo. Quien conoce de niños sabe que es frecuente este tipo de peleas y frecuente también el llegar a una buena solución, pero ante situaciones comunes y no ante relaciones especiales porque las cosas se hacen más complejas.

Josefina la acusó de ser una bruja y mala amiga y ella, como contra partida, la amenazó con decirle a su abuela muerta para que la castigue.

Josefina faltó al día siguiente. Estaba enferma.

Todas miraban mal a María Grazia.

María Grazia se sintió fuerte ante los niños. La abuela había castigado a su rival.

La fuerza de la niña duró poco.

Como era de esperar María Grazia se sintió vigilada y aislada de sus amiguitas, fue desmoronándose y entró en una profunda depresión.

María Grazia estaba sin querer salir de su cuarto y faltó a la escuela.

Pasaron varios días y Josefina se curó, ya sin fiebre volvió a clases, pero María Grazia no.

La visita de su maestra y algunas compañeritas, entre ellas Josefina, procuraron que regresara. Habían pasado tres semanas.

Debió asistir más seguido a terapia y ya no tenía tiempo para jugar o ir a danzas.

La percepción infantil es más profunda de lo que ciertos avezados adultos creen.

Pasaron siete meses y la depresión fue superada.

De a poco se acabaron las agradables pesadillas y toda manifestación onírica.

María Grazia había perdido el don de hablar con los muertos.

¡Por fin era una niña normal!

Se acabaron las acusaciones de brujería y el tener que contar las historias a sus padres e inquisidores.

María Grazia duerme en paz y vive tranquila. Sus padres, médicos, familiares, maestras y amiguitas también.

Quizás algún día la niña les deje leer su diario íntimo donde cuenta sus sueños actuales.

 

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El monograma

1955 fue el año en que los partidos y movimientos políticos, tanto los civiles como los militares afilaron sus garras y se mostraron tal cual eran. Así se aceleró la involución argentina que pareciera no terminar nunca.

Finito, el sastre del barrio, hombre apolítico como pocos, se ocupaba de su negocio y de sí mismo. No había mayor meta en su vida que su propia vida y no tenía empacho en remarcar su egocéntrica creencia.

Gustaba usar las iniciales que lo identificaban “SF”, de las que nunca se supo el significado ya que todos lo conocían como Finito a secas, apodo que respondía a su silueta flaca en demasía. Hoy se lo consideraría un anoréxico pero en aquella época se miraba al mundo de otra forma.

Corbatas, camisas, pañuelos y, supongo, su ropa interior tenían el monograma “SF”. La vidriera de su taller estaba señalada con letras enormes que eran, por supuesto, SF.

Era una moda muy difundida el inscribir las iniciales de los nombres en relojes, llaveros, trabas de corbatas, estilográficas y en cuanto elemento propio se deseaba personalizar. Daba cierta categoría tener monograma.

Finito era un hombre al que le gustaba viajar y sus valijas de cuero negro lucían las “SF” en letras doradas.

Casado con cuatro hijos trabajaba de sol a sol para mantener un buen nivel de vida. Familia típica de clase media.

No tenía tiempo ni interés en participar de otra cosa que no fuera su sastrería.

Su mujer una mendocina buena como el pan era su amada compañera y era la responsable de la casa y los niños.

Los familiares de Etelvina vivían lejos, cada tanto se subían al Cuyano y bajaban a Buenos Aires a quedarse unos días. De Finito jamás se vieron parientes, sí muchos amigos.

Allá por el mes de agosto recibieron a Lisandro, primo segundo de ella y marino retirado. Hombre con gran acercamiento hacia Finito ya que ambos gustaban del jazz y el folklore nacional. Se pasaban horas, durante las noches, escuchando en la victrola los discos de pasta con las canciones de su agrado.

Lisandro les comentó que estaba por abrir un negocio de importación de herramientas y que pronto viajaría a EEUU, para ser más precisos a Wisconsin, y que de allí se haría el abastecimiento necesario.

Finito escuchó a este primo con entusiasmo ya que creía en el trabajo y en la modernización de la industria. Le pidió que le trajera novedades en maquinaria para el mundo de la costura porque quizás agrandaría el taller. Todo dependía de los costos y de un crédito que había pedido en el Banco de la Nación, único banco de confianza allá en los 50.

Lisandro se fue con la promesa de ayudarlo y se llevó en calidad de préstamo una de las valijas de cuero negro con el monograma dorado. -No importa que no sean mis iniciales, las tapo con un papel y listo- fue su comentario ante la observación de Etelvina.

La vida siguió su curso aunque en una sociedad agitada como pocas veces se había visto.

Los bombardeos de argentinos contra argentinos, la quema de las iglesias, la ley del agio que no frenaba la inflación y la inestabilidad política movilizaba odios y rencores de grandes y jóvenes. No había día en que los rumores no hablaran sobre traiciones y detenciones. El común de la gente quería vivir en paz pero esta señora Paz se estaba escabullendo por la alcantarilla.

Esa mañana Etelvina regresó agitada ya que las noticias, que acababa de escuchar en la carnicería, la habían sorprendido y asustado.

Las noticias de radio “Porteña” habían nombrado a su primo Lisandro y no había entendido en qué asunto estaba metido.

-No puede ser tu primo, se fue a Wisconsin y allá está comprando herramientas.

-¿Vos crees viejo? ¿Habré escuchado mal entonces?

-Tu primo es un hombre respetable, es marino y padre de familia. Está todo dicho ¿no es así?

-Si vos lo decís.

No se habló más del asunto.

Pasaron un par de días y un tal Puente, amigo de Lisandro se presentó en la sastrería.

-¡Buen día!

-Que sean buenos para los dos- fue la respuesta de Finito.

-Soy amigo de Lisandro y le quiero entregar un dinero, ¿sabe dónde lo puedo encontrar?

-Está lejos, en Wisconsin.

-¿Hace mucho que no lo ve?

-Y…más de una semana, antes del viaje.

-Bueno si aparece me hace el favor y le dice que tengo lo suyo que me llame.

-¡Cómo no! ¡Buenos días!

A la mañana siguiente Finito, como de costumbre, desayunó unos mates, tomó el diario, y se propuso leer “Noticias Gráficas”. Sentado en la comodidad de su hogar empalideció ante la noticia: “Un grupo insurrecto enemigo de la Patria fue detenido en los sótanos de la iglesia “La Medalla Milagrosa” con panfletos llenos de mentiras contra el gobierno nacional y con partituras de una canción llamada “La Marcha de la Libertad”. Lisandro Martínez, marino retirado ha sido detenido con el material apátrida. Coordinación Federal participa en la investigación en busca de los cómplices fugados.

Con voz titubeante releyó, tamaña noticia, para Etelvina.

-¡Me cuesta creer que Lisandro sea un delincuente!

-Finito vivimos una época de locos, ya no se puede confiar en nadie. ¡Espera que me lo encuentre todo lo que le voy a decir!, creo que le voy a arrancar los ojos por tonto.

-¿De qué sirve la política si no es sólo para traer problemas? Por eso soy apolítico. Soy un hombre decente y vivo de mi trabajo- se dijo en voz bien alta. Se repitió varias veces lo de ser un hombre apolítico y de trabajo, pensó que así perdería el miedo que sentía.

Ya estaba en su taller cuando llegó “el autito”, así le decían al móvil policial, y a Finito se lo llevaron por averiguación de antecedentes. Puente, el extraño visitante, estaba en el asiento de atrás.

-Insisto Señor soy apolítico y vivo de mi trabajo-. Le repetía a cuanto interrogador se le presentaba.

La respuesta de los tiras fue contundente: le presentaron la valija de cuero negro con el monograma “SF” de color dorado.

Quiso repetir una vez más que era apol… pero el retumbar de la pesada puerta de la celda ahogó su clamor.

La triste historia de los Finitos no nació ni murió allí, se  viene repitiendo. Mientras tanto la mayoría silenciosa vive de su  trabajo.

 

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La libertad de Lucía

         Lucía Margot Arredondo Carnette Yrigoyen, tal el nombre de la niña, fue desde pequeña, agraciada por su belleza e inteligencia.

        -¡Qué simpaticona!, decía su tía Albertina Carnette.

        -¡Qué bebé de papito!, recitaba Don Nicolás Eudaldo Arredondo Álvarez, el papá.

        -Brillante alumna-, decía la Directora del mejor, más prestigioso y carísimo colegio al que asistía.

        Fue medalla de oro en la universidad e hizo su post-grado en Suiza. Allí residió cinco años.

Había pasado una cómoda vida entre halagos, mimos y lujos a más no poder.

        Ese día de junio volvía para instalarse. La esperaba su orgullosa familia. Traía varios títulos bajo el brazo.

        Desde Ezeiza a la Residencia, en Barrio Parque, se habló de temas triviales para la joven pero de suma importancia para su núcleo familiar. La preocupación por la dureza de la carne con la que habían alimentado a “Mechita”, la pequeña perra y lo incómodo que resultaba viajar por las nuevas autopistas debido a que cualquiera posee un vehículo y sale a transitar. Fueron la sola conversación hasta llegar a destino.

        Una vez instalada sin que pasara no más de una hora, Lucía Margot, anunció que a partir de ese momento sería Lucía Arredondo y no más, que en este mundo moderno la nobleza está en decadencia y que…

Ya nadie escuchó nada.

        Su discurso de igualdad de oportunidades, que  nacemos libres y ¡bla…bla!, enfermó a la familia.

Los tomó por sorpresa y armó un revuelo descomunal. Gritos, reproches y reflexiones referentes a los legados de sangre, herencias históricas, el nacer para dominar y toda la filosofía del poder fueron dichas en el desorden propio de quienes desean imponer su pensamiento a un ser querido que toma el camino equivocado. No la querían perder. Sólo deseaban su regreso.

 De haberlos escuchado detenidamente se habría ofendido pero preparada como estaba, no los tuvo en cuenta.

        Sin decir nada salió al mundo.

Comenzó, anónimamente, con un pequeño empleo en un estudio, como asesora. También con un pequeño salario.

        Vivir sola fue otro escándalo.

        Su tía solía visitarla y le explicaba que los Carnette habían luchado en las Cruzadas, que ella rezaría por su vuelta al hogar y a la normalidad.

        Su mamá le hacía un juego parecido al de la tía, sumando que a veces se enfermaba.

        Pero Lucía, firme en la suya.

        Papá, tenía también sus cosas y sabía  presionar. Sospechaba que por él perdió su primer trabajo aunque nunca lo pudo confirmar. Consiguió otro.

Sin dudas Lucía tenía bien firmes sus principios y sabía como defenderlos.

        Solía salir con sus amigas, le encantaba ir a bailar, al cine y al teatro. Los conciertos la perdían, eran su pasión.

        Los parientes y los viejos amigos, los de su tradicional nivel social, no se resignaban dejarla así como así.

        Para ella, ahora, su placer lujoso era tomarse un cafecito en “Bellas Artes”.

        Allí lo vio por primera vez.

        Un joven chelista de  la sinfónica, con mucho futuro, gran vocación, fuego sagrado y sin dinero.

        La música, el amor, la pasión y la locura, así mezclados la fueron envolviendo.

        Dedicaba cada minuto de su vida a este hermoso sueño que es el de amar y sentirse amada.

        Se contaban sus vidas, intercambiaban sueños, hacían pequeños planes y así amanecían.

        La realidad era que el futuro de Batista prometía, pero de allí no pasaba. Ella no pedía más…pero él…

        La vida tiene giros irónicos.

Con el pasar del tiempo decidió que era el momento de darlo a conocer.

        Cuando se los presentó a los Arredondo Carnette Yrigoyen,  no intuyó que todos se asociarían a una idea.  Aprobaron al joven y dieron el ¡Sí!

        La oveja negra estaba a punto de ser acorralada. ¿Cómo lograrlo?

        Debían matar a Lucía Arredondo para resucitar a Lucía Margot, no iba a ser fácil pero tampoco imposible.

        -Es una niña loca pero inteligente-, dijo tía.

        -Es alocada pero sabe lo que quiere-, asintió mamá.

        -Es lo que dicen y mucho más-, corrigió papá.

        Pasaron algunas semanas y Don Nicolás Eudaldo se encontró “fortuitamente”con el bueno de Batista. Él salía de uno de sus ensayos y juntos bebieron algo y hablaron mucho.

 

        -¿Sabés algo Lucía?

        -¿Qué?

        -Tu padre, cuando nos casemos, como regalo de bodas, nos da el piso de la Avenida Quintana y un porcentaje en las rentas del campo, para que siga mis estudios sin  que suframos altibajos. ¡Qué bueno es don Nicolás!

        -¡Qué bueno es papá!-, respondió. Pero ¡qué tramposo!, pensó.

 

Con el pasar de los días y los preparativos de la boda todos, excepto Lucía, estaban dispuestos a llevar una vida normal y Batista sería la grieta por donde penetraría la normalidad de los Arredondo Carnette Yrigoyen.   

 

Llegó el gran día.    

En la iglesia, todos reunidos esperaban la respuesta.

        El silencio y la espectativa los hacía olvidar que era un casamiento.

        Pocas veces se vio tanta paquetería en Santo Domingo.

        Por fin se escuchó: -Señorita Lucía Margot Arredondo Carnette Yrigoyen, ¿queréis por esposo al señor Batista Fernández?

 

        Miró a su alrededor, pensó en su libertad, en su amor. Repasó su vida en un segundo. Evaluó los intereses que allí se jugaban y se sintió la oveja entrampada.

Observó a su entorno, vio los inocentes ojos de Batista y con una sonrisa más que maliciosa, que sólo ella pudo percibir, Lucía Arredondo, contestó: -¡Sí,quiero!

 

 

 

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EL FAVOR

Estaba sentado en el bar con la vista perdida, mirando hacia afuera, hacia la nada.

Fumando nervioso.

Con cara de pocos amigos que podía ser de enojo o de preocupación. ¡En fin!, con una cara de las que no dice nada bueno.

Mascullando palabras por lo bajo para vencer sus propias barreras.

 

Me había sentado al costado suyo y hacía como que leía el diario pero en realidad prestaba atención a sus dichos.

 

- ¡Tratar con una puta!, es lo que me faltaba, no sé de dónde saco las ideas. No es mi costumbre. Nunca había tratado con ninguna, además pagar, ¡y a una puta!, ¿qué estoy haciendo, por qué no me levanto y me voy?- se le escuchaba una y otra vez.

Y seguía hablando solo -¿Mujeres?, ¡sí!, pero no de este tipo.

 

Buscando un pretexto me acerqué y le pedí fuego. Mientras encendía el pucho le dije:

-Yo también estoy con algunos bolonquis y no tengo a nadie para poder hablarlos- fue a forma de confesión y a riesgo de que me sacara a patadas.

-Ni me hable, tengo un asunto del cual espero no arrepentirme ¡Y todo por hacer un favor!

Mejor arranco por el principio así me voy calmando.

- Lo escucho-. Me senté a su lado.

-Hace dos días había visto a esa mujer en Juan B. Justo y Paraguay. Estaba hablando con la vieja de una casa vecina, que escoba en mano dejó de barrer para charlar con ella.

Detuve el auto y se me acercó.

- ¡Hola!, ¿cómo estás?- , dijo sonriendo.

-¡Bien!, respondí-, no sabía qué decirle pero como por obligación ataqué – ¿Trabajás acá?-, me sentí estúpido con la pregunta.                                                                                                                                                                                                           Ella Me perdonó la vida y no me sobró. Contestó correctamente, es indudable que sabe manejar su negocio.

 -¡Sí!, es mi esquina. ¡Mientras la cana no me corra!

- ¡Ah, te corren!

- Son unos hijos de puta y coimeros, eso sí, no me joden a los clientes. A veces me joden a mí con alguna revolcada. ¡Cosas del oficio!

 La miré a los ojos como con vergüenza o con  miedo. En realidad es falta de práctica y ahí nomás le pregunté -¿No me harías un favor?

 Ella sonrió, -¡ Para eso estoy acá! Eso sí, cobro por adelantado, no quiero avivadas y no acepto cosas raras.

Abrió la puerta del auto y entró.

Seguimos con una charla sin importancia y discutimos las condiciones. Quedamos en encontrarnos para el jueves siguiente.

- Faltan dos días-, me recordó.

- Es que  hoy estoy apurado.

- Pero…hoy es jueves- lo interrumpí.

-¡Sí!, lo sé. Déjeme seguir que ahora estoy en carrera.

 Usted no estaba, todavía, pero llegué a la hora arreglada.

Me senté en esta mesa del bar, recuerdo que le insistí el “de Santa Fe esquina J.B.Justo” frente a la pinturería que alguna vez fue el bar “La Paloma”. ¿Sabe qué noté de estar aquí mirando haciendo huevo?

-¡No sé!, uno puede ver tantas cosas como no ver nada.

-Tiene razón pero esta es una esquina desprolija, con gentes que van y vienen. Gente de todo tipo, la fauna porteña a pleno invadiendo las calles, taponando las entradas del subterráneo. ¿Muchedumbre o enjambre humano?, ¡qué fotografía de la jungla de cemento! Esquina llena de mujeres pintarrajeadas, otras gordas y transpiradas, unas pocas muy bien vestidas. Morochones con sus bolsos colgados del hombro y sus enormes barrigas colgando por sobre el pantalón. Pareciera que toda la raza humana pasa por el lugar y que todos me miran.

Estoy fastidiado por el tránsito de colectivos llenando todo de humo y los camiones de las bodegas dejando ese olor a vino rancio. Molesto. Con más ganas de levantarme que de quedarme. Nada me cae bien. Usted dirá que estoy muy loco, pero yo me siento superado por la vergüenza.

- Amigo no es para tanto, ¿quién no ha tenido relación con una puta?, y si no la tuvo tampoco es para ponerse así.

-Le dije que la esperaría tomando un café y me lo servieron con gusto a quemado. Hoy nada parece salir bien.

- Cuando uno está en negativo ve todo mal.

-No soy tonto, sé que estoy nervioso, porque la idea de la prostituta no me gustaba ni medio, pero era la mejor.

- Si usted lo dice.

- Todo empezó con Puchi el loco del taller donde arreglo el auto. Cierta vez hablando del tema fue muy directo: “Un franco higiénico es necesario, si no se te llena la cabeza de leche y se te pudren los sesos, todo se te transforma en una concha gigante y no podés ni pensar. Después…después te volvés loco”.

Me sorprendió su forma de hablar y el comentario, no parece su estilo. Siguió hablando sin parar.

-Ese sí que era un  tipo que sabía. ¡Flor de consejero! Un sabio, un sabio, me repito una y otra vez.

Mi cabeza continúa dando vueltas, ¿será limpia?, me pregunto hasta el hartazgo. ¿Cómo, una mujer, puede irse con cualquiera?, ¿no tiene miedo? ¡Ma sí!, ¡qué me importa!, parezco un puritano. Una vez cada tanto. Tampoco es un gran gasto, el arreglo fue bueno.

 

Estábamos en esos tontos cabildeos cuando ella llegó. La saludó fingiéndose amable. -¡Hola!, ¿qué tal?

- ¡Bien!, respondió la mina.

Los miré a los tres.

- Acá tenés a tu tío. El viejito quedó como nuevo.

           

Desde ese día me  imagino al maniático yendo al geriátrico y visitando al tío, seguro que el veterano quiere pedirle  un favor más: ¡tomar un café allá en Santa Fé y Juan B.Justo!

 

 

 

 

 

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EXTORSIÓN

El imponente edificio, en medio del parque, dentro de la zona industrial, con su colorido rojo en la nave central, el blanco en la región de producción y el azul intenso en el sector del abastecimiento, daba la sensación de un inmenso buque tricolor navegando en un océano verde.

Desde hacía ya seis años el crecimiento  de la empresa era permanente y avasallante. La racionalización de personal, la disminución de los gastos y certeras medidas económicas, permitían vislumbrar un próspero y tranquilo futuro entre sus directivos.

Aquél miércoles, la agitación en el sector administrativo, se hallaba en su cúspide. La voz suave de la secretaria dijo:

-¡Señor!

-¡Sí!, ¿qué pasa?

-Llamada para usted.

-¿Quién es?

-No sé, no se entiende bien. Pidieron por usted, dice ser el señor Fernández.

-A ver. ¡Sí!, ¿quién habla?

-Soy un amigo, aunque usted no me conoce, me llamo Fernández, represento a un importante grupo económico, que está siendo perjudicado por la nueva línea de montaje que usan en la empresa.

-Pero yo… ¿Qué puedo hacer?

-Señor, esto no es broma, no queremos que pase nada en la fábrica, ni que usted salga lastimado…

-¿Cómo dijo?

-Desde hace unos meses lo venimos vigilando, conocemos todos sus movimientos. Tomo como ejemplo el hecho de que su hija debe mejorar el revés de tenis…

-¡Hola…hola!

 

Javier Fraga Irurzú, fue quien recibió el aviso. De inmediato solicitó una reunión con el Director General.

Informó del extraño llamado y pidió se tomen medidas.

Los del Consejo Directivo decidieron esperar un poco para ver qué habría de cierto, si no sería una broma de mal gusto o  una intimidación más. También fijaron una estrategia.

 

Javier como aficionado a los relatos policiales, pensó, de inmediato, en llevar un diario de los hechos .

Quería autoconvencerse de que esto no podía ser más que una mala broma.

A pesar de su esfuerzo intelectual, por su cabeza, corrían todo tipo de conjeturas .

Así inició un diario, estos son sus escritos:

 

*Miércoles 19 de Mayo. Hora 14.10. Recibo una comunicación telefónica. Un tal Fernández me advierte por nuestra seguridad. Avisé al viejo. No sé si lo tomó en serio, tampoco sé si yo creo en esa llamada.

 

*Jueves 20. Hora 9.30 Fernández me volvió a llamar. Traté de registrar nuestra conversación. No se oye nada, debía haber llamado a un profesional. Con amabilidad, me reiteró la exigencia de desarmar la línea de montaje. Colgó. Di aviso al Director General , de inmediato hicimos la denuncia policial. Me estoy preocupando. No diré nada a mi familia, sólo les pediré precaución como una rutina. Inventaré alguna historia.

 

Javier no sabía cómo organizarse para no llamar la atención ante quienes lo rodeaban y en cómo mantenerse lúcido ante las exigencias de su labor.

Sus pensamientos y su tiempo estaban en el telefóno, horas encerrado en la oficina, esperando…

Ante los requerimientos respondía, por lo general, de esperar un poco, que estudiaría el caso, que luego los vería …usaba una gran variedad de pretextos que iban mostrando un brusco cambio en su estilo.

Quería disimular y sentía que se delataba, no quería pensar y se obsesionaba con la amenaza. La lucha interna se iba transformando en una feroz batalla.

La policía, por su parte, minimizaba la situación y para tranquilizarlo lo invitaban a que pasara  por la seccional o ante la menor sospecha que no dejara de avisarles. Él no confiaba en la seguridad policial pero qué hacer…se sentía solo.

 

*Viernes 21. Hora 14.20  -¡Hola!…¿sabe quién soy?, -¡Sí!-respondí-Fernández.

Así comenzó el llamado de hoy. Dio plazo hasta el próximo viernes, para que desmontemos las millonarias instalaciones,o , a cambio, tendremos que pagar una indemnización. Me volverá a llamar. Ya di el aviso arriba. Me  piden que continúe negociando, que gane tiempo.

Me siento distinto, como si fuera una mezcla de héroe con idiota. Supongo que es el miedo.

 

Javier ese fin de semana partió, con su familia , a Montevideo. Sentía y necesitaba escapar de la presión que lo agobiaba. Caminar por la costa, tomar un café en la avenida 18 de julio y ver viejos amigos le haría bien…también a su familia.

 

*Lunes 24. Hora 14.10. Todos me dicen que tengo mala cara. Me hago el enfermo. Otra vez llamó .Le dije que pasé su mensaje a la Dirección, que era difícil desarmar la línea de montaje, que no quería agresión hacia la empresa ni hacia mí. Me citó, para hablar de  números, en el Bar del Golf de Palermo. Debo ir el próximo miércoles a las 9hs.

 

La demostración de audacia, del tal Fernández, desorientó a Javier. La junta Directiva, sostenía que no se presentaría, que era una bravuconada de un maniático.

Parte del personal administrativo, ya, notaba que algo raro estaba aconteciendo. Se reiteró la denuncia policial, en la que se informó de la extraña invitación de este personaje. Se reforzó la seguridad en la fábrica.

Uno de los directivos lo quería acompañar, pero la cita era a solas, era probable que a Javier lo estuvieran observando a distancia. No se debían correr riesgos. Los especialistas harían lo suyo.

 

*Miércoles 26. Hora 9  Siendo las 8.55hs, llegué al lugar según lo convenido.

Entré mirando a todos lados y me senté cerca de la puerta principal. Mi corazón martillaba con fuerza. Mis conjeturas decían que no vendría, que esto no podía estar sucediendo. Tenía las piernas flojas. Se acercó el mozo y por mi nombre me indicó, que aquél señor, “mi amigo”, me llamaba a su mesa. Se me cayó el cielo encima.

Nos saludamos y me senté frente a él. Alto, peinado tradicional, elegante en el vestir, con gestos suaves y distinguidos, no desentonaba en ese ámbito, parecía un golfista más. Nuestro diálogo fue casi un monólogo, habló mucho sin proferir amenazas. Me pidió un millón de  dólares por nuestra seguridad. Negociamos nuestros plazos y después, de lo que para mí fue un tiempo interminable, nos despedimos. La policía no se hizo presente y él se sintió fuerte y confiado al verme solo. Esto, no me gustó nada.

 

Cuando Javier regresó a la fábrica, narró lo ocurrido. El acento lo puso en la ausencia policial y en la audacia del maniático, término que nunca lo convenció.

Ahora sabían que la voz tenía un cuerpo, que todo era real y concreto.

Hizo notar que durante el tiempo transcurrido se sintió como prisionero. Que fueron dos horas interminables.

Tanto el delincuente como él, siempre hablaron en plural, uno a nombre de la empresa y el otro en nombre de las personas perjudicadas.

Los demás directivos le hicieron notar que no creían en que hay más gente detrás de este molesto asunto.

 

*Jueves 27. Hora 8.30  Hoy llamó aunque todavía no venció el plazo otorgado por él mismo. Quería saber cómo iban las gestiones. Con carteles me asesoraron para que alargara la conversación y así rastrear la llamada. No se pudo grabar, ni se localizó dónde estaba. Traté de obtener más tiempo y discutir el pago. Me llamará.

 

*Viernes 28. Hora 12.30  Volvió  a comunicarse para avisar que había terminado el plazo otorgado. Me advirtió de una futura explosión en la planta fabril y que pensara que la vida de los obreros y la mía, valían más de lo que ellos pedían. Le expliqué lo difícil de tamaña decisión y que continuáramos con la negociación. Me llamará.

 

Ese fin de semana, Javier habló  con su mujer, informándola de lo que estaba sucediendo. Le mintió con respecto a la tranquilidad que le brindaba la policía  y de la seguridad de la empresa. Trató de calmarla, que se comportara con entereza frente a los niños y que tuviera paciencia, mucha paciencia…

Tuvo dos entrevistas, la primera con su abogado, el que le desaconsejaba seguir adelante con esta locura. Su pedido fue directo, quería tener todos sus papeles en orden y no discutir el tema, él no había elegido ser víctima o intermediario en este asunto, pero así estaban las cosas. Se mantendrían en contacto.

El segundo encuentro fue con un antiguo compañero de estudios, que había pasado por una experiencia parecida y estaba dispuesto a esclarecerle las ideas. Lo que más lo impactó, fue que Alberto le hablara de lo peligroso e inseguro que era el tema de la extorsión industrial, poniendo énfasis en la falta de confianza en todo lo atinente a la seguridad. Le dijo, entre otras cosas, ”hay gente capaz de cualquier cosa , algunos están en los arreglos y los otros no pueden actuar libremente”. Le aconsejaba cautela y se despidió lamentando profundamente su situación y le deseó suerte.

 Sonó lapidario.

 

*Lunes 31. Hora 8.30  Hoy se montó un operativo de escucha y búsqueda telefónica.

No llamó.

A las 16hs, por una línea, muy privada , sin vigilancia , Fernández, hizo contacto. Fue rápido, le pedí otra entrevista a la que se sumará el Director General, discutiremos la posibilidad del pago.

 

Una vez más había logrado estirar los plazos y continuar la negociación, se agotaban los tiempos y también su fortaleza física y psíquica. Ya no se sentía solo, de qué le serviría no importaba por lo menos lo calmaba el sentirse acompañado.

 

*Martes 1º de junio. Hora 13.30.  Cuando el Director general volvía por la ruta, se le cruzó un automóvil queriendo interceptarlo. Logró escapar por las suyas. La custodia fue severamente castigada por negligencia. Esto es más peligroso de lo que creía.

 

El Director y Javier, una vez más, se entrevistaron con autoridades competentes explicando la confusa situación. Ampliaron la denuncia ante el juez.

 

*Miércoles 2.  Hora 8.00  Habló. Dentro de dos horas nos espera en el Pampita, un bar del bajo Belgrano. Dimos aviso a la policía. A las 11hs nos reunimos los tres, ya que viene el Director General, según lo convenido.

La discusión fue feroz. El jefe no aflojó, pero quedamos en cerrar el negocio mañana.

 La policía confundió el lugar y no aparecieron.

A las 18hs contratamos personal de alta seguridad. Nadie dice nada pero pensamos en las mafias y en los sicarios llamados “los Batatas”.

 

Para los directivos de la empresa, dormir bien, ya no era tan fácil. La fatiga de estos quince días se hacía notar, sabían que no había que perder la calma, pero era muy difícil mantener las apariencias.

 

*Jueves 3. Hora 9.30.  Recién llamó, quiere que vaya solo. Tengo que dejar el auto en Dragones y Sucre. Caminar hasta la confitería Selquet. Debo llegar a las 11hs.

 

Javier sabía lo complicado de su negociación y había escuchado con atención que su vida dependía de la buena y discreta conducta.

Los especialistas en seguridad llegarían al lugar antes que él para protegerlo.

Sus estudios, nunca habían contemplado materias como: acción armada o defensa personal. Tampoco tenía vocación bélica.

Trató de no pensar en su familia, ni en sus amigos. Eso lo aflojaría. Cómo podría decirles todo el amor que sentía por ellos.

Acomodó su oficina, fue al cuarto de baño, se arregló un poco, se mojó la cara, se vio el pelo desprolijo. Se dijo –después voy a ir a la peluquería- se interrumpió y pensó en el después.

Tragó saliva y se fue al estacionamiento. Partió a horario.

 

Su diario continúa así:

*Jueves 3 de junio. Hora 9.30   Recién llamó quiere que vaya solo. Tengo que dejar el auto en Dragones y Sucre, caminar hasta la confitería Selquet. Debo llegar a las 11hs.

 

Mes de julio.

Hace un mes papá se fue de viaje de negocios.

Yo lo extraño.

Mamá dice que ya está por volver pero llora.

 

 

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LA EMBOSCADA

En homenaje a Don Nicolás, herrero de Vicente López, quien siendo un joven soldado viajaba en el tren y me contó esta historia.

 

No recuerdo con certeza la fecha pero fue en el invierno de 1943.

En Sverlovsk, parte centro occidental de la U.R.S.S., todos sabían que el tren de las 15.45 horas estaba condenado.

Debíamos llegar a las afueras de Leningrado con personal sanitario, medicamentos y alimentos para los soldados rusos heridos en el frente de batalla.

La única línea férrea habilitada pasaba por Vologda y esa zona estaba próxima a ser invadida por las tropas avanzadas alemanas.

El frío era intenso, menos 40 grados y el viento cortaba la cara. Escaseaba la leña, aunque felizmente había suficiente vodka como para calentarnos.

Tres días de preparativos fueron suficientes para poder partir hacia nuestro destino.

La defensa de Leningrado había sido lograda a un costo muy caro en vidas humanas y fue el principio del fin de la Alemania nazi. Ahora se debía atender a los sobrevivientes civiles y militares que con tanto esfuerzo lograron derrotar a los hasta ahora invencibles ejércitos teutones.

La misión consistía en el envío no sólo de insumos para medicina y alimentos, también partían en misión sanitaria una veintena de médicos y más de setenta jóvenes enfermeras.

La fantasía sexual no se hizo esperar entre los reclutas, que eramos casi niños y mucho menos entre los oficiales, también muy jóvenes.

Alcohol y mujeres en medio de la guerra.

Los viejos comandantes le temían más a la insurrección que al ejército enemigo.

El traslado de alimentos y medicamentos era la gran tentación para los bandidos y traficantes del mercado negro, gente sin escrúpulos que podría atacar a sus propias tropas para lucrar tan indignamente.

La custodia era escasa y los soldaditos sin experiencia no seríamos un gran impedimento para quienes osaran un ataque al convoy.

Esta loca y furiosa guerra obligó al mundo a tomar acciones heroicas y muchos niños debieron pelear como los adultos cuyo premio era, apenas, su subsistencia.

¡Por fin! Llegó la hora prevista y partimos.

Las caras aniñadas tanto de las mujeres como de los hombres denotaban la angustia y el miedo metido en nuestras almas, miedo al que deberíamos vencer llegado el momento.

El gélido clima castigaba cada vez más, la esperanza y resignación nos transformaría en héroes pero el miedo seguía presente.

El maquinista señaló la puesta en marcha con dos silvatazos y uno a uno los vagones del convoy iniciaron su desplazamiento.

La salida de Sverlovsk fue lenta, la nieve cubría el paisaje, el hielo era el rey. Parecía que el vapor de la locomotora se congelaba en el aire y caía como piedra helada.

El canturreo del rodar del tren cortaba el silencio de la extensa estepa, sólo disminuía cuando se bajaba la velocidad al tomar las curvas, atravesar los interminables túneles o atravesar los puentes.

La noche llegó pronto y con ella la primera de las múltiples detenciones técnicas –cargar agua y combustible- para continuar de inmediato la marcha.

Se escuchaban algunos cánticos folklóricos que hacían los hombres para animarse, otros comían su ración y los más afortunados habían logrado algún arrumaco con las más atrevidas de las enfermeras.

El frío se hacía más intenso y castigaba impiadosamente.

Apenas se notaba el amanecer cuando el maquinista detuvo la marcha sin la autorización pertinente.

El oficial a cargo lo increpó pistola en mano para que explicara su insólita conducta.

El hombre cauteloso y midiendo cada gesto o cada palabra que podrían significarle la muerte señaló, a lo lejos, hacia una arboleda.

Con pocas palabras manifestó notar diferencias en el paisaje y lo hizo marcando una zona adelante a su derecha.

Un reflejo de luz, un montículo de nieve y bultos al costado de la línea férrea era lo que le hizo pensar en que sería mejor detener la marcha del convoy y dar el alerta a su comandante.

El oficial tomó sus prismáticos y observó detalladamente.

Los montículos eran tres tanques cubiertos por la nieve, el reflejo de luz se iba multiplicando por mil ya que eran bayonetas unidas a los bultos que resultaron ser soldados.

-Alemanes-, dijo con una voz ahogada por la emoción.

-¿Muchos?-, preguntó el segundo oficial allí presente.

-No sé, quizás treinta.

-¿Qué haremos?

-Esperé aquí mi señal.

Pasó una interminable hora.

Los soldados preparados para el combate respirábamos nerviosamente, algunos tenían lágrimas en sus ojos.

Los invencibles estaban ahí. Nunca los habíamos tenido tan cerca, ver al enemigo apenas a quinientos metros fue impactante.

-Nos esperan para destrozarnos-, decían los que se atrevían a hablar.

-Podríamos llegar a ser sus prisioneros-, pensó uno en voz alta.

-Te matarán y con suerte te arrojarán a un pozo porque así no te comerán los lobos-, fue la respuesta más cercana.

-Silencio idiotas, si vamos a morir lo haremos con honor, que nuestras madres y novias sepan que fuímos los hombres que se merecían y que las honramos-, gruñó el cabo a cargo del grupo.

El segundo pidió silencio y agudizó la vista ajustando los prismáticos. Veía como su compañero se arrastraba hasta la formación enemiga. Un soldado alemán recostado contra el terraplén apuntaba con su fusil hacia el intrépido oficial.

Nos fuímos transformando, uno a uno, en testigos mudos de la audacia sin límite del hombre que ya casi estaba cara a cara con la muerte.

Agazapado, a un metro del alemán, saltó vertiginosamente, como un gato montés quebrando a su inerte asesino.

Agitando sus brazos, gritaba furiosamente. No se entendía qué decía pero provocó que todos corriéramos hacia él.

Ya más cerca comprendimos la situación.

-¡Están muertos de frío!, ¡congelados, congelados!-, gritaba el comandante.

Animados nos acercamos a los demás y los tomamos a golpes. Los sonidos fueron a ramas secas quebrándose, caían sus brazos ante cada mazaso y la euforia fue tal que brincando y cantando sólo se escuchaba en la estepa ¡ están congelados!, ¡ están congelados!

 

Ambos ejércitos ya no serían los mismos.

 

 

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