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Archivo de la categoría: Cuentos con suspenso

CÚMPLASE MI VOLUNTAD

Había sido una jornada agotadora.

 Así era su historia cotidiana, nada nuevo bajo el sol.

Toda su juventud fue de inmenso esfuerzo ya que las metas impuestas eran elevadas.

 Mucho trabajo, intensas horas de estudio y el buscar y cautivar a las relaciones necesarias para obtener los objetivos previstos.

He aquí su agitada vida.

Esa tarde, se sentía en plenitud, tenía la sensación del deber cumplido. En realidad era mucho, pero mucho más, ya que de la nada había creado un imperio.

La empresa con sus tres mil operarios, sus propiedades de infinito valor, su joven y hermosa mujer, sus hijos y amigos, el respeto y la admiración de sus allegados, llenaban sus felices momentos.

Ahora sus pedidos eran órdenes y nadie osaba no cumplirlas.

Jueces, diputados y cuanta autoridad fuera contactada se ponían a sus pies. Era convincente y un triunfador que contagiaba entusiasmo y transformaba a los demás en sus seguidores.

Disfrutaba su poder y no disimulaba su orgullo.

Esa tarde regresó temprano.

Su chofer lo llevó a la mansión de las afueras. Amaba el campo y el clima templado del inicio de la primavera lo invitaba a descansar bajo el despejado cielo pampeano.

Se sentó en su sillón favorito, en la galería de los rosales, se sirvió una buena copa y encendió uno de sus cigarros.

Se dejó relajar con la vista perdida hacia la nada. Se sintió muy importante.

Inspiró profundo y en su cara se dibujó una tenue mueca de satisfacción.

Sorbió su trago fresco y aspiró el pesado humo del puro. Mentalmente repasó el trabajo del día y pensó con desgano en las directivas que daría a sus subalternos al día siguiente  y se emocionó.

Sonrió imaginando la prontitud y esmero con que cumplirían sus directivas.

Apoltronado en su trono, descubrió el placer que le producía dar órdenes.

 -Para ser  bueno mandando, primero hay que aprender a obedecer- le habían enseñado y siempre recordaría aquella lección. Había sido un brillante discípulo y la muestra estaba a la vista.

Mandar, dirigir, ordenar… ¡Qué hermoso es el poder!

Estaba sorprendido por sus reflexiones y se regocijaba en ellas.

-¡Estoy tan feliz que moriría en este instante! –dijo en voz alta entre sorprendido y eufórico.

El cigarro se consumió antes que el mayordomo lo viera.

La muerte cumplió su orden. Le dio el gusto.

 

LA CITA

-Quedamos a las cinco y media y aquí estoy.

 Me voy a la mesa que da al parque. Las plantas y las flores dan clima.

¿Será alguno de los estos tipos?

No creo. Le dije que traería un vestido verde suave y cartera haciendo juego.

Me vieron entrar pero ninguno se movió.

-Señora ¿Toma algo?- el mozo interrumpe sus pensamientos.

-Espero a una persona, luego le pido.

Aquel de la izquierda me mira con insistencia. ¡Hum!, no es mi tipo y además me hace acordar a Enrique, ese mentiroso que me dejó por una mocosa que no vale nada. Me dijo que era la hija de su prima, ¡vaya sobrinita! Y como una idiota me lo creí, si no fuera por la portera que me dijo –Señora Gladys, el señor Enrique le está jugando sucio- todavía sería una flor de cornuda.

Mejor pido un café y me enciendo un pucho. No me gusta esperar. Ya empezamos mal.

-¡Mozo, mozo. Un cortado, por favor !

El color del vestido es lo de menos. Le comenté de mis ojos verdes y mi piel blanca, ahora que me miro bien esta piel está un poco ajada. Esta noche me doy un baño de crema y de paso empiezo a hacer gimnasia, estas rodillas huesudas me dan espanto y estas carnes caídas me asustan.

Le hablé de mi pelo rubio rojizo. Parece paja seca pero el color se mantiene.

¡Ay!, será ese que entra. Voy a mirar para otro lado. Que se acerque y se presente.

-¡Disculpe, señorita!

-¡Estee!¿Sí?

-Su cortado.

-¡Gracias!

 No era el que entró. Allí está con el gordo de gris, ese gordo me hace pensar en Juan. ¡Cómo engordó!, cuando lo conocí era un atleta y mirá hoy, es una bola de grasa. ¡Qué lindo era y qué amante! ¡Qué verano pasamos!

Si nos hubiésemos casado hoy sería otra gorda viviendo con un obeso. ¿Quién me quita la tranquilidad que tengo ahora? ¡Nada ni nadie! Fue una simple despedida.

¡Ché, este no viene! ¡Me dejó plantada! Peor para él.

Esta noche entro al sitio web de las solitarias y busco otra cita.

 

 

Al otro lado de la confitería en la mesa contra la columna.

 

 

-Señor, su café. Linda la rubia ¿no?

-¡Eh!  Disculpe estaba distraído y no lo escuchaba.

- ¡Sí!, me di cuenta por cómo la miraba. Me dijo que está esperando a alguien.

-¡Gracias mozo!, ¡vaya!, ¡vaya!

Si no hago así a este tipo no me lo despego más.

Está nerviosa.

 Es un poco huesuda pero la veterana se ve muy bien.

Los fierros y las piedras son de calidad, seguro tiene un lindo bulo.

¡Pucha!

 ¡Qué lástima que este metido me haya tenido en cuenta!

 Si a esta flaca le pasa algo, el mozo seguro me recuerda.

 ¡Mejor la dejo ir!

¡Hoy es tu día de suerte viejita!

Ya encontraré otra víctima.

 

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MIEDO INFANTIL

 

 

¡Qué miedo!

 

 

 

Los ojos no me alcanzaban para ver aquella escena terrible.

 

Tuve miedo. Mucho miedo.

 

Cerré los ojos esperando que se fueran.

 

Esperé un rato, mucho tiempo. No sé.

 

 Los espié. Allí estaban girando por el cuarto.

 

Apenas atiné a cubrirme con una manta para que no me vieran.

Si me descubrían seguramente sería presa de sus ataques y hasta comerían mis carnes mientras yo iría muriendo lentamente y con gran sufrimiento.

 

Eran grises, deformes y se movían con extrema lentitud. No me veían pero yo sí los veía.

 

Estaban buscando algo y al moverse cambiaban su aspecto. Figuras cambiantes pero siempre feas.

 

El silencio absoluto los protegía. Dejé de respirar para que no me oyesen. Mi corazón latía rápido y hacía ruido dentro de mi pecho, le apoyé mis manos y apreté para silenciarlo.

 

 A lo lejos escuchaba el pasar de un lento y cansino tren. Seguro era gris como los monstruos que me estaban aterrando y sucio, eso…muy sucio, como ellos.

 

Con suerte el tren tapa el tambor que tengo dentro repiqueteando sin cesar

 

¿Dónde están todos, por qué estoy tan solo?

 

 No debo moverme y debo respirar suavemente, el menor ruido los atraerá hacia mí.

 

¿Qué buscan, qué quieren? ¿Son los que se alimentan de niños?

 

Debo dormirme porque esta pesadilla se convertirá en otro sueño menos feo. ¡No puedo estar despierto!, pero… ¡Sí!, estoy despierto y los veo, no es un sueño.

 

Papá me enseñó que no me deje dominar por el miedo, voy a esperar un rato y a espiarlos un poco más.

 

¡No están, se fueron!

 

¡Ah!, qué tranquilidad. Por las dudas seguiré escondido debajo de la manta.

 

Espero…espero.

 

Ya está el sol que es quien espanta a los horribles monstruos.

 

Voy al cuarto de mamá y me meto en su cama, me acurruco a su lado.

 

¡Qué linda y fuerte es mamá! ¡Qué tibiecita y quieta que está! Huele lindo, a jazmín, su piel es tan blanca y suave.

 

La abrazo y vuelvo a dormir. Estoy cansado.

 

No sé cuánto tiempo hace que duermo, pero ella se da vuelta y me acaricia.

 

Me despierto.

 

Cuando me pregunta qué hago a su lado y cómo dormí, le cuento mi historia y cómo los espié todo el tiempo.

 

Quiere saber si tuve miedo.

 

Miento en mi desesperación, soy un hombre y los hombres son valientes. Le respondo “que no” porque ella y papá me cuidan y además pensaba llamar a Misterix o a Lotario el fuerte ayudante de Mandrake el Mago.

 

Me interrumpe con un beso y me acaricia. ¡Qué placer!

 

Mamá me dice que ella de ver feos hubiera tenido miedo y que cuando algo la asusta se pone a rezar y eso la ayuda. Me cuenta, también, que no sólo rezando se arreglan las cosas, que hay que descubrirlas, saber quiénes son y de dónde vienen.

 

Nos levantamos y me lleva a mi cuarto a ver por dónde entraban esos malos que asustan a los niños.

 

Mueve las cortinas de la ventana y me muestra las sombras que se reflejan en las paredes.

 

Me acerco a ver mejor. Yo estaba detrás de mamá y me quedé parado en la puerta de mi habitación.

 

Para festejar que mamá descubrió el misterio subí a mi cama y me puse a saltar de contento.

 

Esa mañana, después del desayuno me enseñó a cocinar caramelos de azúcar quemada y limón.

 

Me senté en el tercer escalón de la escalera a comer mis caramelos y a leer las historietas de mis héroes que también me cuidan.

 

Todo lo acontecido fue en otra vida cuando estaban papá, mamá… y aquel niño tan pequeño.

 

 

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fotosdelainfraccion.com

La directora inauguraba la IV Exposición Fotográfica del Colegio Nacional. Todos los alumnos pudieron participar siguiendo las consignas habituales, controladas por la Comisión Organizadora compuesta por profesores de la casa y representantes del Municipio.

“Vida y obra de mi ciudad” era el tema de ese año.

Más de mil fotografías estaban expuestas, tal el interés logrado entre los alumnos. La cámara digital facilitaba la puesta ya que se podía disparar hacia el objetivo infinidad de veces y luego en la computadora seleccionar lo mejor, y a bajo costo ya que hasta la impresión de las imágenes las puede realizar el interesado. Ya no hace falta película ni laboratorio, cada uno puede transformarse en un experto fotógrafo.

La variedad de temas fue incalculable ya que jardines, flores, niños en el parque, viejos al sol, mascotas demostrando sus habilidades y todo lo imaginable aparecían en el papel impreso. Los títulos de las fotos eran otro hallazgo ya que la imaginación juvenil no tuvo límites y así se leía “Abeja traviesa tomando sol”, “Caída del sol sobre mi terraza”, “Niños jugando”, “Maldito cigarrillo”y siguen los títulos. “Fotosdelainfracción.com” fue corregido, se le agregó el acento, por una profesora de castellano que no sabe nada de informática ya que las direcciones en los sitios web utilizan palabras prosódicas. Fue la comidilla de los alumnos provocando risas y burlas.

Los trabajos eran anónimos, números y letras reemplazaban al nombre del autor.

Los presentes tenían derecho al voto. A las 20 horas se abriría la urna y se haría el recuento para saber quién ganaba el concurso.

 

Juan Baldomero, desde hacía tiempo, había ajustado su cámara digital para hacer una serie de fotos cómicas de sus compañeros de clase.

Los atrapaba haciendo pis fuera del mingitorio, en calzoncillos en el vestuario, espiando a sus compañeras mientras se duchaban y todas las travesuras posibles de los alumnos varones del segundo curso.

La cámara digital ya formaba parte de su anatomía y le permitía aventurarse más allá de lo que se permite un adolescente de apenas catorce años.

Su timidez lo limitaba aunque la iba superando de a poco. El pretexto de las fotos le daban cierto aire de importancia, quería hacer algo distinto y la publicidad de la Intendencia le abrió las puertas a su deseo.

“Denuncie la infracción” decía el cartel. Su padre le hizo saber que durante su juventud la publicidad decía era algo así como “No se queje si no se queja”.

El concurso y la invitación del municipio a la denuncia lo indujeron a que con su cámara hiciera fotos de infracciones.

 

Llegaron las 20 horas y se abrió la urna que decidiría al ganador.

El tercer premio lo ganó Lucrecia Gómez de la cuarta división con la foto de una hormiga llevando una enorme hoja, la tituló “La carga más grande”.

El segundo premio fue para Esther Fonseca de la quinta división con la foto de una enfermera socorriendo a una anciana en la plaza principal y la llamó “Urgencia en la plaza”.

El primer premio fue para Enrique Estevez de primer año con la foto de un nido con sus pichones llamado “Hogar”.

El premio especial fue para Baldomero que fotografió al automóvil policial estacionado sobre las rayas blancas de los peatones y la llamó “La ley infringe la ley”.

Los cuatro fueron reporteados para la revista escolar y uno de los diarios barriales que se regalan sin costo alguno.

Los cuatro premiados tenían derecho a una exposición de sus mejores fotos en el Palacio Municipal. Así lo hicieron.

Baldomero en su inocencia  presentó las fotos picarescas de sus amigos y otras donde se veían infracciones cometidas a diario.

Ver a un policía hablando por celular desatendiendo su trabajo, la pila de basura y de fondo el camión que se va sin recogerla, vehículos mal estacionados, motociclistas sin casco, el cruce de vehículos y peatones con las barreras bajas, un chofer arrojando papeles por la ventanilla de su auto y un carrero azotando a su pobre caballo eran imágenes que cubrían su panel. Por falta de espacio, sobre una mesa apoyó dos carpetas llenas de fotos llenas de faltas que nadie corrige.

Baldomero causó sensación entre sus compañeros y los de otros colegios. Pronto fue invitado a ser el presidente del club de fotografía y más adelante el responsable del Centro de Alumnos.

Debió repetir hasta el hartazgo de dónde surgió la idea de hacer fotos cómicas, como las llamaban sus admiradores, además les explicaba la técnica a seguir. El entusiasmo de la población escolar por ese tipo de fotografías fue tan grande que pronto aparecieron varios sitios web ilustrando todo tipo de tropelías y trapisondas de alumnos y profesores, luego salieron a la calle a buscar más imágenes y así fueron inundando el espacio cibernético.

Los adultos restaron importancia al acontecimiento ya que la informática es tema de jóvenes y ellos están para cosas más importantes.

El juego de hacer fotos de la infracción fue creciendo y de un pùeblo pasó a otro y de ese a otro más y se sumaron las ciudades y así continuó creciendo.

Diarios y revistas especializados en informática hablaban del fenómeno en ciernes. El mundo adulto no demostraba interés ni se preocupaban demasiado por ese juego infantil. Ya pasaría como tantas cosas.

Cuando se brinda un esfuerzo de diez puntos, a la siguiente vez se exige otro esfuerzo mayor, si se brinda de quince, a la vez siguiente se deben dar veinte y así la exigencia se extralimita. Para mantener la novedad de fotografiar a la infracción hubo algunos aficionados que se transformaron en “paparazzi” y comenzaron a perseguir, casi a hostigar, a la gente del espectáculo, pero no conforme con ellos la emprendieron con gremialistas y políticos.

Las infracciones del hombre común provocan risa pero las del hombre público no. Los jóvenes ignoraban esta verdad.

Fotos comprometedoras de intendentes, diputados, ministros y senadores aparecieron en la red.

Los adultos criticaban al Ministro de Salud que probando la comida del Hospìtal Materno Infantil puso cara de asco, la imagen no mentía. Llamó la atención la foto del gremialista viajando en un gran auto importado de precio prohibitivo para el común de la gente. Así la opinión pública dejó de leer los complacientes diarios para ver los sitios de esos traviesos niños.

Se acercaba la época de elecciones. Baldomero y sus seguidores causaban gran preocupación.

La Directora de la escuela citó a sus padres y les pidió que intervinieran para que su hijo dejara de faltarle el respeto a las autoridades constituidas y así evitar problemas y escándalos.

No hubo cambios.

Baldomero recibió una sanción escolar por llegar tarde a clases. Fueron varios alumnos los retrasados pero sí fue el único que recibió un castigo.

Ese mes el papá tuvo problemas al cambiar el cheque de su salario. A los pocos días la abuela tuvo inconvenientes en cobrar su jubilación. La compañía de gas debió cortarles el suministro porque había una pérdida en la cañería y así continuaba la vida familiar, llena de pequeños problemas que si bien se iban solucionando no dejaban de ser una molestia.

A todo esto el niño había abandonado su sitio “fotosdelainfraccion.com” pero…las fotos se reproducían cada vez más. Había cobrado vida propia y era imposible parar el juego. Otros hackearon el sitio y ya era inmanejable por Baldomero.

 

Había pasado el fin de semana largo. Ese lunes Baldomero no fue a clases. Los chicos lo fueron a buscar y en su casa no había nadie.

Se habían marchado.

La directora recibió la carta de despedida firmada por toda la familia. Se mudaban lejos para evitar inconvenientes. Ella y el Intendente no entendieron el porqué de su alejamiento y así lo declararon al periodismo: “Esta tierra de libertad que acoge a sus hijos con todo cariño, donde se protege al ciudadano y el futuro está presente para todo el que quiera vivir entre nosotros, lamenta la ida de tan amada familia”

 

Felizmente esto es un cuento. 

 

EL LEGADO

La mañana era fría, lluviosa y no sentía placer al tener que salir.

Las calles húmedas y grises acompañaban mi curiosidad.

Jamás creí vivir semejante situación.

Así se dieron las cosas.

La reunión se llevó a cabo en la galería central. Última oficina, al fondo.

Mis primos, mi tío, los abogados y los médicos esperaban. Llegué justo a horario. Escuché las campanadas del viejo reloj dando las diez horas.

En la mesa central estaba el cofre. El abogado de la familia lo abrió y entregó el sobre lacrado al notario oficial.

Éste lo revisó comprobando que los sellos estaban intactos.

-Señores-dijo-iniciaremos el acto con la apertura del sobre y lectura del legado de doña Esperanza Bravante Espinoza de Robles.

Un gran silencio invadió la reunión.

Se leía en los rostros la angustia y curiosidad de los presentes, excepto de mi tío Gerardo.

El documento decía, según recuerdo, más o menos así:

                                                       Cuando se lea este documento es porque ya no pertenezco a este mundo. Con mis facultades mentales en plenitud y sano juicio he decidido repartir la herencia familiar de las cuales soy la administradora y única heredera. Por ello con mi abogado y médico de cabecera como testigos es que:

                                                       Dejo a mis queridos hijos todas mis alhajas y propiedades. A mi fiel sobrino (yo) la cabaña a orillas del mar. Al hospital de Maternos, del cual mi madre fue la fundadora, los pisos de la avenida Las Heras y sus ganancias de alquileres.

Si mi fallecimiento sucediera de forma natural, lego a mi leal marido, la renta de mis campos…

Así concluyó la lectura.

Silencio absoluto.

Sólo tío gesticuló mascullando algo.

Todos sin excepción, comprendimos o creímos comprender la naturaleza del extraño e incomprensible accidente que sufriera tía Esperanza.

 

 

KUNTUR

El primero de agosto nos reunimos para beber caña con hierbas medicinales.

De no haber previsto para esta fecha la llegada del ritual nos conformamos con caña con ruda, grapa con ruda o algunas adaptaciones a la ofrenda.

Preservar la salud es el principal motivo que nos lleva a tomar una copita.

Me cuentan que la motivación fue otra.

 

Estando en el norte argentino unos paisanos que casi no hablaban castellano, mezclando su quechua con el español me explicaron el origen de este hábito:

 

-Pachamama siendo la protectora de la agricultura exigía ante cada cosecha la Challa (ofrenda) de parte de lo obtenido, por tal motivo las familias cocinaban y le daban de comer depositando los alimentos en el río o arroyo más cercano.

Cuando elaboraban sus bebidas, antes de llevar el líquido a la boca, arrojaban una parte a la tierra como agradecimiento-. Este homenaje me hizo recordar los escritos del poeta persa “Omar Khayyam” que en su “Rubaiya”dice que antes de beber su vino le daba de beber a la tierra que era su proveedora.

-Cigarros, coca y golosinas también eran entregados ya que lo ofrecido retornaría con creces.

Si no se cumplía con lo pactado se corría el riesgo de sufrir enfermedades, pestes, sequía o grandes tempestades.

El temor religioso y el amor profundo a la Pachamama hizo que los sanadores incluyeran hierbas medicinales en la bebida ofrendada. Así la Madre Tierra estaría sana y fructífera.

 

Los criollos vieron con curiosidad que yo tomaba nota sin perder detalle de todo lo dicho, entonces me invitaron a escuchar un legendario relato del que ya algo sabía por haber leído a ciertos autores como “Fray Mocho”, “César Dávila Andrade” y a “José María Rosa” entre otros, que se ocuparon del tema. La narración del cuento no es la misma aunque el fondo de la cuestión sí. Atributo de la cultura oral.

 

  La historia de Kuntur.

-Se trata de la misma creación del mundo y sus futuras disputas.

 

Viracocha había decidido que el centro del Universo sería Pachamama (la tierra) a la que había dotado de montañas y valles; aire puro; mares, ríos y arroyos; árboles, arbustos, frutos y maíz; llamas, vicuñas y aves; animales domésticos y salvajes.

Todo el reino mineral, vegetal y animal estaba completo.

Como culminación de su obra creó al hombre y a la mujer. Ambos se reunirían y vivirían con la Ayllu (que es la unidad familiar). Les dio el uso de la razón y la libertad de discernir, los sentimientos y el amor por el arte.

Formó a Inti (el sol) para que luminara los días y calentara del frío, y a Mama Killa (la  luna) para que cuidara las noches.

Viracocha concluyendo con la tarea de la creación, satisfecho, se retira a descansar.

 

Con el correr del tiempo y ante la ausencia de Viracocha, Inti y Pachamama cobraron tanta o más importancia que Él.

Inti veía con cierto recelo que los hombres se esforzaran por agasajar a Pachamama y a él no.

Conciente de que Viracocha se estaba retirando decidió que era el momento de solicitar su challa.

Los hombres sorprendidos y enojados por el doble esfuerzo que significaba tanta ofrenda reclamaron a Pachamama que intercediera ante las demandas de Inti.

Ella protectora y orgullosa de sus hijos discutió con el sol. Éste arrogante y enojado decidió demostrar su poder.

 

Grandes calores y sequías invadieron los verdes prados quemando las plantaciones y dejando hambrientos a sus pobladores, luego Inti se escondió detrás de las nubes y provocó fuertes heladas, diezmando a todo lo viviente.

Pachamama se dejó llevar por su tozudez y decidió pelear abiertamente contra Inti.

A su vez Inti invadido por una furia incontrolable olvidó que eran hermanos del mismo Padre y pensó en dar batalla.

Ambos sin razonar querían probarse y ver quién era el más fuerte.

La lucha fue ardua y sin resultados terminantes.

Una tregua fue prevista.

No confiaban el uno del otro y en silencio se preparaban para un ataque sorpresa.

Pasó mucho tiempo, la pelea parecía terminada y los motivos olvidados.

 

Aquel primer día de agosto los hombres realizaron sus ofrendas a Pachamama y bebieron alegres y confiados.

Pachamama estaba conforme.

 

Inti celoso reavivó su sed de venganza.

Retiró sus rayos de luz y el frío atacó impiadoso.

 

Los hombres, llevados por su amor propio y sin consultar a Pachamama, creyeron que había llegado el momento de dar un escarmiento y asustar al molesto sol.

Soberbios pensaron un plan para atacarlo.

Sería por la noche mientras Inti duerme.

 

 

Hablaron con Uthurunku (el puma) que es tan fuerte y valiente.

Sabían que el león con unos pocos zarpazos lastimaría a Inti. No haría falta mucho más. Sólo herirlo. El mensaje ya estaría dado.

El puma estaba dispuesto pero ¿cómo llegar a Inti si no hay árboles tan altos para trepar hasta su presa?

No hubo respuesta.

Los hombres afligidos miraban hacia arriba y buscaban cómo solucionar tal problema.

El puma se retiró.

 

¡Kuntur!…

 

Kuntur (el cóndor), dijo alguien.

Es nuestro símbolo y el habitante de los cielos.

Es valiente y fuerte, podrá volar y atacar con su fuerte pico a Inti. Además los cóndores siempre vuelan buscando la luz. Él podrá hacerlo.

 

Kuntur, con su escasa inteligencia se dejó convencer y vanidoso voló entre los picos de Los Andes mostrando todo su esplendor y gallardía.

Desplegaba sus alas y giraba sobre los hombres mostrando su habilidad para surcar los cielos.

Su objetivo era Inti y su rumbo era dirigirse hacia la luz.

Al llegar clavaría sus garras y con un solo tirón de su pico desgarraría a su sorprendida víctima.

Luego descendería triunfante para seguir siendo el ídolo de los hombres.

Estaba decidido, a la mañana siguiente subiría hasta Inti y allí demostraría lo fuerte y peligroso que puede ser.

 

Inti se enteró de lo pactado entre los hombres y Kuntur.

Ante el eventual ataque él también trazó un plan.

 

Esa noche envió a tres de sus mejores guerreros: Sapaki (el solitario), Atipaj (el vencedor) y Wayna (el joven).

Debían llegar a la cornisa de la montaña donde descansaba el cóndor.

Los tres ascendieron entre las sombras. Silenciosos se acercaron al nido.

El cóndor dormía profundamente.

Sapaki y Atipaj maniataron a Kuntur.

 Wayna con un haz de luz que Inti le había entregado como única arma cegó al animal. Éste presa del sueño no se dio cuenta del ataque sufrido ni de las consecuencias del mismo.

 

A la mañana siguiente Kuntur se sintió distinto.

No se detuvo a pensar porque no sabía hacerlo.

Inició su vuelo vertical directo a Inti.

 

Ascendió, ascendió… ascendió.

 

Buscaba con desesperación.

Su vuelo vertical hacia la luz no se detenía.

Seguía ascendiendo y seguía…

Buscaba con desesperación la tan anhelada luz del sol.

Subió hasta quedar exhausto.

Su corazón estalló.

Cayó derrotado al vacío.

Pachamama, Inti y los hombres fueron testigos de lo ocurrido a Kuntur.

 

Viracocha al enterarse de lo sucedido regresó preocupado y triste.

Recogió y guardó los restos del impulsivo cóndor.

Comprensivo y con gran amor persuadió y exigió la paz entre Inti y Pachamama.

Obedientes aceptaron.

Inti fue alejado de todo lo creado y desde ese día, como para compensar, sería el centro del universo.

A los hombres les recriminó sus conductas y les pidió que meditaran ya que los había dotado de razón y aunque eran libres de actuar debían hacerlo para el bien.

 

Pasó el tiempo.

 

Viracocha esperó con su infinita paciencia y como buen padre al ver a sus hijos en armonía se sintió feliz y se retiró a descansar.

 

Los hombres aprendieron su lección.

 

Con el correr del tiempo…

Muchos han olvidado lo sucedido a Kuntur.

 

 

 

 

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EL TECHISTA

Fue hace tanto tiempo que diría que sucedió en otra vida.

Lo conocí en el edificio de Defensa 120, estábamos en el sexto piso convocados por el Secretario de Estado.

La reunión tenía que ver con un futuro proyecto para proteger a los “chicos de la calle”.

El encuentro fue un intercambio de ideas donde el Señor Secretario nos dejó exponer y escucharnos a todos los presentes.

Siempre fui un charlatán y esta reunión me permitió demostrarlo una vez más. Supongo que mi entusiasmo o mi juventud le llamaron la atención. Un señor mayor me incitaba al diálogo y no dejaba de preguntarme sobre mis proyectos, acepté el envite con ganas y respondí a todas sus inquietudes.

Con el tiempo los proyectos, una vez más, se diluyeron, pero no dejó de ser interesante la relación con este personaje.

Al terminar me invitó a tomar algo. Acepté.

Al bajar salimos y nos encontramos con una manifestación de obreros portuarios en apoyo a Isabel y contra López Rega. Recuerdo que el día era frío aunque con sol. La Plaza de Mayo estaba llena y las banderas y pancartas marcaban un avance de la juventud dando por tierra con la vieja burocracia.

Juntos nos fuimos a tomar el café. Evitamos hacer comentarios referente a los manifestantes.

Nos sentamos y él se encargó de pedir. El mozo dio muestras de conocerlo.

No me preguntó mi filiación política ni qué ideología tenía. No hizo falta, todo había sido expuesto.

 Estaba entusiasmado con el proyecto de ayudar y en lo posible de mechar y poner en marcha las ideas del primer peronismo.

-Sos un pibe leído y yo un laburante, viejo militante, con muchas marcas en la espalda.

Bebió su café. Se quedó pensativo. No sé cuántas cosas pasaron por su cabeza.

Por mi parte, no sé si supe medir sus palabras. Entre mi impulso juvenil y aquella época de locura no me daba tiempo para ciertas cosas.

Resultó ser de profesión techista.

Había estado detenido después del golpe del 55, le habían aplicado, tiempo después, el Plan Conintes y ahora como premio era el Delegado del Ministerio en el Partido de La Matanza.

- No me la pillo, sé que soy un soldado raso y hago lo que puedo. Nosotros dos tenemos el mismo idioma pero por caminos diferentes. ¡No importa! Debemos ayudarnos por el bien común.

Lo escuchaba fascinado y no afirmaba ni contradecía nada de lo que decía. Sólo escuchaba.

Tenía ganas y necesidad de hablar. Me contó infinidad de cosas de su vida, de sus luchas y frustraciones, de la esperanza que resurgía en él. De que aquellos niños privilegiados tenían, hoy, la oportunidad de hacer y saldar las deudas con el país.

Habló mucho. Me contó de sus planes. Intimó conmigo como lo haría con un viejo amigo.

Pidió otra ronda de café.

Me dijo que si pudiera escribir contaría sus memorias. De repente me señaló con su índice.

-A vos que te gusta escribir, en tren de confianza, te voy a contar una historia que cierta vez me pasó.

Mientras el “Loco Giménez” estaba exiliado vaya a saber por dónde, escapando de la Libertadora, con unos compañeros decidimos arreglarle los techos a la madre del loco, ya que a la pobre vieja le llovía por toda la casa y no tenía un mango para gastar en arreglos.

-¿Dónde fue eso?

- Vos que conocés La Matanza te vas a ubicar, era allá por las antenas, cerca de la avenida San Martín y Crovara.

-¡Sí, conozco!

- Giménez era un mecánico de automóviles con gran habilidad para las máquinas, también tornero y de los buenos. Allá por esa época reparaba o acondicionaba todo lo que se le presentara. Cuando digo todo…es todo, ¿me entendés?

-¡Sí!, por supuesto…

 -La cosa es que un fin de semana nos fuimos para la casita a levantar las chapas y arreglarlas soldando con la autógena. Empezamos a desmontar los techos y al levantar las chapas tuvimos que llamar a la viejita urgente a que nos dijera qué hacer con las bolsas de lona que había escondidas atada a los tirantes de madera.

La pobre mujer que no sabía de qué le hablábamos y sin entender nada, antes de tomar cualquier decisión, miró las bolsas llenas de trapos y de inmediato nos preguntó si conocíamos a gente más humilde que ella para donárselas.

Nos miramos todos y casi lloramos de la risa.

El Negro Domingo, bruto como él solo, hizo un esfuerzo por explicarle y le respondió que esas bolsas no se las podrían dar a nadie ya que eran fierros de la resistencia y que con las armas no se jode.

Fue hace mucho, hoy es otra cosa…-Esbozó una risa melancólica mirando el interior del pocillo.

 

Me quedé sorprendido por el comentario pero de inmediato traté de ubicarme en la época y comprender la situación.

Terminamos los cafés y salimos.

Los muchachos, en la plaza, gritaban más que nunca.

 

 

Fragmento de “Se me pianta un lagrimón”

En homenaje al profe Julio B. de Ramos Mejía, Pcia de Bs As.

 

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