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Archivo de la categoría: Cuentos con suspenso

ME LO CONTÓ EL BARMAN PERUANO.-

Aquel atardecer llegué al hotel “José Antonio” de Lima, fui muy bien recibido. La hospitalidad peruana es digna de resaltar. Junto con las llaves de mi cuarto recibía una invitación para probar el Pisco Sawer, exquisita bebida si las hay.

Una vez instalado acepté el trago y me dirigí al bar del hotel.

Fui atendido por Raúl  quien mientras preparaba el pisco mezclándolo con jarabe de goma, jugo de limón, clara de huevo, hielo y amargo de angostura decidió hablar conmigo.

Supo que me gusta escribir y me hizo saber que nunca había conocido a ningún escritor. Me trataba como suelen hacer aquellos que piensan que hemos sido tocados por la varita mágica, una gracia especial o algo por el estilo. Si supieran que lo nuestro es observación, mucho trabajo de corrección y atrevimiento, nos mirarían de una forma distinta.

Raúl decidió contarme una historia y me comprometió a que la vuelque al papel. Aquí va:

José Q. era un joven empleado del hotel, muy trabajador. La gerencia del hotel lo tenía muy bien conceptuado. En este mismo lugar conoció a Clara, una bella niña ocupada como mucama. Se enamoraron y pronto llegó el matrimonio.

El amor y la felicidad los rodeaba y hacía que vivieran en su paraíso privado y limeño.

Fueron unos meses de ensueño hasta aquella mañana de agosto. José venía en su moto por la avenida Larco y al llegar al cruce con San Martín lo atropella un automóvil que tuvo una falla mecánica en los frenos.

Fue asistido de inmediato y permaneció hospitalizado más de un mes. Debieron  intervenirlo y drenar un coágulo cerebral, producto del golpe. Sería medicado de por vida, caso contrario tendría severas convulsiones.

Clara, embarazada, lo cuidaba y mimaba con el amor de siempre.

José regresó al trabajo. Ya no era el mismo. Huraño y callado se movía apartado de todos. Cierta vez tuvo una discusión muy fuerte con una turista. Le llamaron la atención y sabiendo de su enfermedad la cosa no pasó de allí.

A los pocos días una de las mucamas descubrió que Clara tenía moretones en todo el cuerpo. Ella dijo haberse caído por la escalera. Nadie le creyó.

Nació el pequeño José y los orgullosos padres disfrutaban del niño y de la alegría que él les había traído. Ese bebé era una bendición que podría obrar el milagro de mejorar o curar a su padre.

Pasaron unos meses y José fue detenido por la policía. Se lo acusaba de agresión callejera. En realidad en el Parque Kennedy, en la plazoleta de los gatos, la emprendió con los felinos a los golpes, con un palo. Llegó a matar a cinco de  las mascotas.

La opinión de sus amigos y compañeros de trabajo era que José después de aquel accidente se transformó en un pillo y mala persona. Clara lo defendía aduciendo que con el tiempo y en cuanto le cambiaran los medicamentos, sería el José que ella y ellos habían conocido.

Su marido seguía a las andadas y cada vez más agresivo. Era de temer.

Aquel verano, de hace ya diez años, José tuvo una pelea callejera y se metió con un bandido de muy malos antecedentes. La cosa es que José recibió un balazo que le rozó en corazón y el proyectil se alojó en el pulmón derecho.

Fue operado y su vida salvada gracias a la sapiencia del cirujano y porque todavía no era su hora de partida. Pasó varias semanas en estado de coma.

Al despertar, se le anunció que sería un discapacitado y que el menor esfuerzo o emoción violenta sería fatal. Su corazón había quedado mal herido y debilitado.

Dejó de trabajar y Clara reforzó su horario para, así, aumentar sus ingresos, ya que la economía de la familia era insuficiente.

Esta valiente mujer hacía sus esfuerzos con una sonrisa y una inmensa esperanza.

Clara traía muy buenas novedades. Su José mejoraba cada día, era el marido amable y cariñoso con el que siempre había soñado. Mimaba al niño y a ella con todo el amor posible.

Todos, en el hotel, pensaban que así como aquel accidente lo había  transformado en una mala persona, este último lo había abuenado para tranquilidad de todos los que lo conocían. Familia, amigos y compañeros estaban muy contentos. Tan grande era la alegría que para su cumpleaños, decidieron darle la hermosa sorpresa de organizar una fiesta.

José se emocionó mucho y agradecía a cada uno el homenaje inmerecido.

Estaba tan contento y emocionado que las lágrimas de felicidad inundaron su rostro.

Tratando de contener su llanto se abrazó a Clara muy fuerte y el traidor del corazón dijo basta.

Murió en medio de la reunión.

Así termina la historia contada por Raúl, el barman.

Hizo silencio.

Mantuvimos el silencio mirándonos.

Esperaba mi comentario.

-¿Puede pasar algo así?, usted que es escritor ¿qué opina?- no era  una pregunta, fue una súplica. Sus ojos esperaban más de lo que yo podría brindarle.

Dudé en qué decirle. Sabía que necesitaba mi explicación, que la realidad lo desbordaba y que necesitaba recobrar la esperanza que este hecho había lastimado. No podía disfrazarle una respuesta con bellas y floridas palabras. Ser cruelmente realista me perecía injusto.

Le hablé, usando una suave y enfática expresión, de lo injusta que es la vida para algunos y que ante las evidencias no tenía más que decir. Reflexioné en voz alta en que debemos vivir esperanzados en encontrar la felicidad, que debemos buscarla y, si la hallamos, mantenerla sin olvidar lo frágiles que somos.

Sorbí mi trago final y le prometí que escribiría su historia.

Al día siguiente me fui a Cuzco y luego a Machu Picchu, allí comprendí lo que son las raíces y el espíritu incaico.

Después de esta experiencia más que arqueológica, uno ya no es el mismo.

Regresé a mi Buenos Aires sin olvidar mi promesa.

He cumplido con Raúl el barman peruano.

Un abrazo.

 

 

EL PASAJERO DEL VUELO WAM 458 FILA 17-E

El vuelo WAM 458 de la Compañía Americana Latina West, ha despegado del aeropuerto en el horario previsto. Una hora cuarenta minutos de vuelo era el tiempo estimado para llegar a Maracaibo.

A los 85 minutos de vuelo una falla técnica.

La cordillera andina es el mudo testigo del accidente del vuelo WAM 458.

Rescatistas y montañeses han acudido en auxilio de las víctimas del siniestro.

Se han contabilizado 61 muertos incluyendo a la tripulación, piloto, co-piloto y dos azafatas. Los heridos son 15 de los cuales 9 están en grave estado.

Ha llamado la atención la falta de fuego, se deduce que el avión consumió todo su combustible y por ese motivo cayó. La investigación lo confirmará.

Los técnicos aeronáuticos sostienen, como fuerte hipótesis, que el accidente se produjo debido a  la formación, excesiva de hielo en las alas del avión.

La pérdida de potencia y el error en la maniobra serán los ejes centrales en la búsqueda de la verdad. Se ha encontrado que había exceso en el pasaje, demasiado equipaje y una carga mal estibada, motivos que se suman contra la estabilidad de la máquina.

Con respecto a los pasajeros se han atendido los heridos y un grupo especializado trabaja en la contención de los amigos y familiares de los occisos.

Las autopsias llevarán cierto tiempo, tiempo extenso para los deudos de los fallecidos.

Hasta aquí la trágica noticia, una más de las tantas que inundan periódicos y revistas resaltando nuestra humana fragilidad ante las catástrofes.

El vuelo WAM 458 encierra un misterio. No hay publicación al respecto.

De los cuerpos hallados, se detecta que el pasajero que viajaba en la “fila 17 asiento E”, fue asesinado  antes del accidente.

Confirmado: Ya estaba muerto antes de caer la aeronave.

El “17 E” viajaba bajo el nombre de Alfredo López. Después de realizados los estudios anatómicos pertinentes se detectó un punzón de acero, clavado entre la primera y segunda vértebras cervicales.

Quien lo haya hecho estaba sentado detrás y se presume sería zurdo, según la posición del trozo de metal incrustado en la nuca de la víctima.

De la lista de pasajeros se señala a la anciana Gloria Shupp como quien viajaba detrás del asesinado. La mujer no sobrevivió al accidente.

Al lado de la señora viajaba Walter Mayyer, también fallecido.

Llamó la atención que este hombre tuviera guantes puestos, así se lo encontró, y además era una persona con serios antecedentes policiales. Matón a sueldo y hombre peligroso. La investigación lo señala como el posible matador.

La hipótesis de trabajo es el por qué se mata a alguien en pleno vuelo. La respuesta podría ser que con una muerte silenciosa en el momento del descenso Walter Meyyer podría desaparecer sin llamar la atención. Y siguen las preguntas: Cuánto tiempo hubiera pasado hasta que intentaran despertar al pasajero dormido en el “17 E”, cuánto tiempo en dar la voz de alarma, cuánto tiempo necesita la burocracia para reaccionar. Cuánto tiempo necesita un profesional para esfumarse. Son cuestiones con respuestas que duelen.

Alfredo López, un ciudadano común, corredor de una firma de tractores no tiene vinculación alguna con su matador.

Los agentes de investigación policial deciden ahondar más en la búsqueda de la verdad.

Remiten a Interpol el legajo de la investigación y adjuntan todos los detalles antropométricos de ambos: víctima y victimario.

Interpol confirma que Walter Mayyer, Oscaldo Pacheco, Carlos Varela e Iginio Insúa son la misma persona con serios antecedentes como matón y asesino a sueldo. Buscado en varios países por sospecha de homicidio.

La gran sorpresa llegó por el lado de la víctima. Don Alfredo López, refugiado en Nicaragua, casi sin hablar español es en realidad el Coronel Viktor Kolvic. Acusado de crímenes de lesa humanidad en la llamada “Guerra de los Balcanes”. Buscado desde hace años.

Entre sus antecedentes se destaca haber masacrado a los habitantes de un pequeño pueblo en las afueras de Gorazde, donde sobrevivió una joven mujer llamada Gloria Juvic.

Esa joven mujer en la actualidad  resultó ser  Gloria Juvic viuda de Shupp.

Los interrogantes seguirán abiertos.

 

 

EL 25555.-

“La suerte la tienes a la vuelta de la esquina pero con tu ayuda la tendrás a tu lado”

Salían del supermercado y ella se detuvo frente al quiosco de loterías. Él se acercó y fue cuando Virginia, frente a la vidriera, le hizo la propuesta: – ¡Mirá qué lindo número para jugar al gordo de Navidad!, ¿lo compramos?
Luis congelado por la pregunta frenó su impulso de negación. Viajó en el tiempo y recordó cuando frente a la librería de la calle Murguiondo, casi esquina Alberdi, le comentó a su amigo Carlos Peratta, casi como un secreto, que allí, la Navidad pasada, había visto un billete de Navidad con un número raro, el 25555.
Carlos estaba tarareando “Marcianita, una canción de moda, cuando interrumpió el canto y respondiendo a su confidencia, sorprendido por su comentario, le dijo que conocía la triste historia de ese 25555.
-El año pasado murió mi abuelo Joaquín, especialista en caballos de carreras y jugador de lotería. Siguió al 25555 durante treinta años.
Le contó que había muerto un día miércoles y la dueña de la librería, el jueves cuando regresaron del cementerio de la Chacarita vino a saludar a su abuela. Aprovechó para comentarle que tenía en su bolsillo el billete que – Don Joaquín me tenía reservado y no sé si usted o sus hijos lo seguirán jugando.
La abuela, el papá y sus tíos se enojaron con la pobre y servicial mujer.
-¡No queremos saber nada de esa porquería!, nunca figuró en la lista fue sólo un gastadero de plata- protestaron a coro. La señora se retiró y el 25555 fue colgado nuevamente en la vidriera.
Allí interrumpió Luis a su amigo Carlos. Seguro que ese fue el momento en que pasábamos mi mamá y yo.
Mamá me comentó que le gustaba el número 25555 y que lo iba a comprar. Protesté y le recriminé que era una jugadora. Yo había leído la novela de “Fiodor Dostoyeski”, estaba obsesionado con “El Jugador”, enojado la recriminé y la invité a que se comprara bombones. Así aprovecharía mejor el dinero tirado en la lotería.
Me hizo caso.
Carlos y yo a coro repetimos la suerte del destino -¡Y salió el 25555!
El Flaco terminó la historia. La señora devolvió el billete a la casa central.
-Mi abuela, mi padre y mis tíos jamás se perdonaron el abandonar al 25555.
Recuerdo que estábamos almorzando cuando cantaron el gordo de Navidad.
Escondí la cabeza en el plato. No tuve coraje de mirar a mamá a los ojos. Ella no dijo nada, yo escuchaba su silencio como el peor de los gritos.
Pasado un tiempo, con alguna, de vez en cuando, tibia recriminación, no hablamos más del tema.
-¡Mi madre me perdonó!, el que nunca se perdonó fui yo mismo. Por eso no opino más cuando de suerte se trata.
-¡Luis, Luis!… ¿qué te pasa, estás soñando despierto?
-¡No!, meditó en silencio. Si te gusta cómpralo nomás, ¡a la suerte hay que ayudarla!

 

LA FIESTA.-

Luis Enrique estaba muy compenetrado en dos viejos videos. Los pasaba una y otra vez y observaba cada detalle detenidamente.
El primero trataba con comicidad un encuentro de un jefe, el capo cómico Alberto Olmedo, con su secretaria, actriz Silvia Pérez. Ella lo recibía en su departamento. Están a media luz. Luego le pide que se ponga cómodo, Lulú, así se llamaba, se retira un momento para ponerse algo más apropiado.
Alberto entiende que habrá sexo entre ellos y se quita la ropa. En ese instante se encienden las luces y aparecen todos los empleados de la oficina a cantarle el “Feliz Cumpleaños”.
Lo ridículo de la situación hacía que Luis Enrique meditara qué pasaría en su interior si algo así le sucediera.
Otro video que lo tenía fascinado era uno en que Chicho Serrador asesina a su mujer ante la puerta de entrada de su departamento, abre la puerta bañado en sangre empujando el cadáver y allí lo esperan parientes y amigos para desearle el Feliz Aniversario. El horror y la sorpresa se entremezclan.
Luis Enrique siente escalofríos ante tal situación.
Ambos films lo perturban durante un tiempo. Se acerca la fecha de su cumpleaños y decide hacer una broma pesada a sus parientes y amigos.
Habla con Rita, su mujer, de la sorpresiva broma que piensa hacerles a los conocidos.
Se toman un buen tiempo deliberando y preguntándose cómo la tomarán. Rita opina que es una broma de mal gusto, que sus allegados son muy serios. Discuten.
Luis Enrique se pone firme. Rita siempre tan enamorada y condescendiente acepta a regañadientes
Él, a pesar de todo, sin importarle nada, decide llevar adelante su plan.
Para ese 15 de octubre invita a sus amigos y parientes a la fiesta de cumpleaños. Les comenta que Rita tiene una sorpresa, para él y para todos los presentes. Se ríe de su propia picardía. Ya disfruta de la broma pesada que les hará.
Rita y Luis Enrique ensayan hasta que todo está perfecto.
******
Esa noche Julia, la mucama, recibe a los amigos y familiares.
– Los dueños de casa han salido y pronto llegarán- les informa a medida que los hace pasar. Cuando todos ya están presentes, Julia apaga las luces.
Amigos y familia suponen que todo es sorpresa y que Luis Enrique, también, desconoce lo que ha preparado Rita.
En el interior de la casa todo es silencio y oscuridad.
Fuera, en la entrada se escuchan voces y ruidos. Un grito de Rita pidiendo socorro irrumpe en la noche. La puerta se abre.
Luis Enrique sostiene a Rita abrazada a él bañada en sangre. En su mano derecha, todavía, lleva la cuchilla ensangrentada. Se encienden las luces. Suelta el cuerpo emitiendo un sonido desgarrador. Cae sobre el cadáver y llora.
El auditorio perplejo reacciona con gritos de horror, quejidos y lamentos. Hay varios desmayos entre las mujeres.
Rita y Luis Enrique se ponen de pie, él ríe a mandíbula batiente, ella no, está orgulloso de su excelente actuación.
Los presentes tienen sentimientos encontrados. Algunos vociferan contra tal tipo de bromas y otros festejan la ocurrencia.
Quien no dice nada es la mamá de Rita.
Leonor permanece en silencio y muy quieta. Está muerta.
La pareja se desespera y se miran consternados. Se sienten responsables y la tristeza los envuelve. Siempre cargarán con la culpa.
La autopsia dice que el deceso se debió a una falla cardíaca. Posiblemente la broma de su hija y yerno haya provocado el fin de su vida. Siempre quedará la duda difícil de saber.
******
Ya han pasado seis meses y nadie recuerda o evita hablar de Leonor. Luis Enrique y Rita han decidido hacer un viaje.
La opulencia los ha tocado, ya que siendo hija única es la heredera de una inmensa fortuna. Jamás les ha faltado nada. Imposible de elevar una mínima sospecha.
Parte del viaje lo están realizando por el sur de Italia.
*****
Esa tarde, en Positano, la temperatura llegaba a los 38 grados. Rita estaba superada por el calor decidió regresar al hotel. Luis Enrique se fue al bar de la playa, “Buca di Bacco” a tomar “cedrata”, refresco de limón con jengibre. Siempre fue bueno bebiendo y con el pretexto de soportar las altas temperaturas aprovecha para degustar licores.
Rita, por hacer algo, decide llamar a Buenos Aires y así tener noticias. Habla con Julia.
La empleada le hace saber que todo está en orden, que debía comunicarse con un médico, el Doctor Jorge Peñalbas, que era importante, le pasó el número.
De inmediato se comunicó con el médico. Se presentó, ante el profesional e intrigada quiso saber qué relación los unía y qué era lo importante.
-Soy el médico cardiólogo que atendía a su señora madre. Lamento lo ocurrido, no la llamé antes porque acabo de saber del fallecimiento de la que fue mi paciente. Sé que ella me mantenía en secreto, pero yo le había insistido en que tenía que evitar las emociones fuertes, que su estado era gravísimo. Sé que ella no la quería asustar y por ello hablaría con su marido para que alguien de la familia lo supiera. Nunca me enteré si se lo dijo o no, pero consideré importante que usted recibiera mi pésame. Yo apreciaba mucho a su señora madre. Buenos días.
Colgó
Rita guarda silencio. Siente que se ahoga. Desesperada, con la sospecha a cuestas, tiene ante ella una nueva pérdida

 

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VIDA LIGHT (O LA ESCLAVITUD DE LAS CALORIAS)

Luz es una joven de 1.65 metros de estatura y pesa 50 kilogramos. En nuestra sociedad es considerada una persona menuda, casi flaca.
Desde hace unos años, en su ciudad, han pasado de la simple publicidad a la imposición de la vida sana.
Una tabla de estatura-peso exige que sus habitantes se ciñan a las marcas allí señaladas.
Han bajado, según las estadísticas de las empresas que venden productos de bajas calorías, la cantidad de pacientes de diabetes y colesterol. Los hospitales y centros de atención han reducido sus presupuestos debido a que hay menos pacientes, menos tratamientos y seguimientos de enfermos. Es tal el éxito que alienta a que las normas y reglamentaciones sanitarias se apliquen con suma severidad.
Ya se han erradicado las bebidas alcohólicas y azucaradas. No existen los panes, chocolates, churros, papas fritas y todo nutriente que el Comité considere perjudicial para la salud física.
Sólo son permitidas las carnes blancas y las magras. Los vegetales crudos o hervidos. Ambos alimentos combinados no deben pasar las 1300 calorías diarias.
Queda un 15% de la población que no se adapta y resiste a la ley de salud. Delinquen comiendo mal.
Luz es considerada una mujer excedida en peso y está siendo vigilada para que reduzca su masa muscular. De no lograrlo será castigada perdiendo sus derechos individuales o incluso su libertad.
Lunes 25 de junio, es la hora 16.30.- Ella, la gorda, volviendo de su trabajo a pie (no se permiten transportes) ha encontrado una manzana.
Busca un rincón alejado de la plaza y a escondidas decide comerla.
Disfruta plácidamente cada bocado y traga en la exaltación del placer.
Observa el cielo celeste encendido por el sol y se deja llevar por el éxtasis de haber comido sin culpa.
En sus pesadillas sueña que come y se despierta angustiada con dolor de barriga. Ahora se cumplió su deseo, pudo comer y nadie la ha molestado.
Pero ¡no!, el aleteo del helicóptero la vuelve a la represora realidad.
Ella es una perseguida gastronómica. La acusan de estar excedida en 2 kilogramos. Desde hace unos meses la “Policía Alimentaria”, que dirige el comer de los ciudadanos la tiene bajo su custodia. Aquellos acusados de sobrepeso y gula son acusados por glotones. Pueden ir a parar a la cárcel, ser encerrados y obligados a trabajos forzosos, además de ser sometidos a una dieta estricta de muy bajas calorías.
Todos los habitantes poseen su ficha médica personal y en ella consta el cálculo de cuál es su peso ideal y permitido. Nadie está autorizado a superar, bajo ninguna circunstancia, las marcas establecidas.
Luz ha sido descubierta. Las cámaras de vigilancia, ocultas, la han delatado. El helicóptero va por ella.
El hambre la ha transformado en una delincuente y traidora a la causa. Es una desagradecida, una paria.
No le importa que su ciudad esté de festejo ya que cada día mejora la salud de la población. El Ministerio de la Salud Pública es quien lo organiza. Han preparado un concierto al aire libre y se repartirán frutas y limonada gratis para todos los presentes. En los antiguos restaurantes se construirán gimnasios y centros recreativos.
A ella nada de eso le interesa, sueña con comer…
Ha intentado vanamente de huir de la ciudad. No se lo permiten.
Gobierno, amigos y familiares la espían. Es la rebelde. La vergüenza de su raza.
Reflexiona escondida sobre la manzana que encontró, que sin dudarlo se guardó y en cuanto pudo comió. Sabe que ha cometido un delito. Mentalmente no da más. Ya nada importa. La acusarán de la grave falta de hallar alimentos y no devolverlos, con el agravante de habérselo comido.
Del helicóptero bajan dos guardias. La vieron y vienen a buscarla.
Huye. Corre con desesperación pero no tiene fuerzas, desfallece. Ellos sí están bien comidos, pronto la alcanzarán.
Los transeúntes la observan y se corren para evitar problemas.
Una red cae sobre su cabeza. Ya es un animal atrapado. La Policía Alimentaria la tiene atrapada. Se siente como una mosca en la telaraña.
La llevan de inmediato al Tribunal.
La encuentran culpable del hallazgo de alimentos, de haberlo comido y de resistirse a la autoridad. Suman, también, su exceso de peso.
Deberá cumplir cinco años de condena en prisión, trabajos forzados y se le coserá la boca, por tres meses, para ingerir sólo líquidos.
La toman de los brazos y se acerca su verdugo aguja en mano.
Luz comienza a gritar desesperada -¡Clemencia!, ¡Piedad!, ¡Juro que jamás volveré a comer mientras esté viva!, ¡Piedad!, ¡Socorro!, ¡Que alguien se apiade de mí!
La toman por el cuello, la manaza aprieta y se le seca la garganta, tose, tose, se ahoga y tose. Tose, se ahoga y tose.
Toso, me ahogo, toso. La tos me ahoga, me despierto sudado. Mi mano derecha en mi cuello todavía aprieta. Tardo en reconocer la habitación del hotel.
Asustado miro a mi alrededor. Sonrío. Tanta publicidad ligth me está turbando.
Por las dudas, antes de partir, hoy sólo desayunaré un vaso de agua.

 

FLOR (el yate)

La mentira, el odio y la venganza son una pésima sociedad.

Fabián, Lucio, Orlando y Raúl se habían conocido en la facultad. Durante una cursada habían tomado la decisión de comprar un pequeño yate a medias. De sus iniciales surgió el nombre, curioso por cierto, con el que bautizaron al bote: FLOR.
Compra, gastos en general y mantenimiento se haría a partes iguales. Cada uno lo usaría, en forma rotativa y libremente, de lunes a las 8 horas hasta el domingo a las 24. Lo del horario e inclusive el calendario se podía alterar si llegaban a un acuerdo.
Pasaron seis meses de fiestas invitando amigos, especialmente mujeres jóvenes, y cuidando las apariencias de nuevos ricos.
Demi es tan linda como ambiciosa. Impulsiva y decidida como pocas. Su meta en la vida era pasarla bien y hacer valer su belleza.
Una noche de sábado, en aquella primavera, conoció a Lucio en un boliche. Flechazo a primera vista. Ella la belleza que Lucio ansiaba y Demi encontró al galán pudiente que tanto buscaba.
Salieron y pasaron la noche en el yate. A ella le llamó la atención el nombre “Flor”.
-Es un homenaje a mi querida abuela.- Fue la lacónica respuesta y de allí en más todo fue un mundo de fantasías.
La mentira y no el amor sería la unión de ambos.
Ese domingo fue espectacular. El sol resaltaba el color león del Río de la Plata. Tomaron sol sobre cubierta y entraban al camarote solo para divertirse. Almorzaron con champagne y siguieron tomando sol y divirtiéndose.
Los fines de semana siguientes fueron al campo parando en los mejores hoteles y sin escatimar gastos.
Lucio quería impresionar a Demi.
Demi estaba subyugada con su generoso y desprendido galán.
Pasaron los meses y la pareja la pasaba muy bien. En un trato sin firmar eran una pareja cama afuera. De lunes a viernes cada uno vivía su vida y los fines de semana eran para los encuentros. Cada vez más lujosos y sin preguntas.
Dicen que el Diablo mete la cola. ¡Bueno…!, no exactamente en esta pareja.
Delia Miranda está embarazada. Lucio está sorprendido.
-¿Cómo no te cuidaste?- dijo él.
-¡Me cuidé!, supongo que no muy bien.- le respondió traviesa.
No sería la primera vez que una chica lo hace para atrapar al millonario. Como tampoco es la primera vez que un galán aparenta más de lo que tiene para entrampar a una mujer.
La sorprendente novedad puso en evidencia el poco amor que los unía. Demi no quería perder su independencia y le molestaba quedar atada a un hombre y a una criatura.
Está por surgir una nueva sorpresa. Lucio, después de mucho meditar, se confesó un profesional que gana bien pero que de millonario no tiene nada.
Demi con su panza por explotar, explotó pero de bronca. Descubrió que había sido estafada.
-¡Ladrón de ilusiones, eso es lo que sos !- le espetó en la cara.
El hombre se quedó sin respuesta. Guardó silencio. Cuando habló le contó su verdadero pasar, el arreglo con los amigos y la invitó a vivir con él, los tres juntos. –Estoy acostumbrado a vivir en familia- balbuceó esperando la reacción de Delia Miranda.
Ella rechazó totalmente tal invitación. Estaba furiosa. Además sentía amenazada su libertad.
El bebé nacería, ya que ante una consulta, su médica, no quiso ayudarla y le aclaró lo peligroso que sería arreglar las cosas a su manera.
Demi furibunda y atrapada juró vengarse. Le sacaría hasta las ganas de comer.
Nació Juanita. Sana y rozagante. Una muñequita. Parecida a su mamá por lo hermosa.
Lucio las instaló en un semipiso en el barrio de Caballito, el 10 A, con balcón a la calle. Muebles nuevos y lujo, mucho lujo. Ella fijó las reglas de visitas con días y horarios muy restringidos.
Fue pasando el tiempo y eran dos enemigos a cargo de una beba.
Corrieron los meses y los años. Aumentaban las exigencias y el odio de Demi hacia Lucio.
Reclamos, gritos, insultos y agravios eran lo cotidiano. No les interesaba que Juana estuviera presente. La niña superó la etapa de asustarse y llorar ante cada encuentro agresivo de sus padres. Ya no le importaba ni escuchaba las atrocidades que se decían.
Verlo a Lucio la enfurecía y alimentaba su enojo. La traición habría de pagarla de por vida.
Él había consultado a los mejores abogados para encauzar el trato y convivencia. Tiraba su dinero.
Ella era acusada de dramatizar y agrandar cualquier situación. –Provoca un caos en toda oportunidad que se le da- repetía Lucio.
Ambos por separado se medicaban tanto para dormir como para tranquilizarse. Se hicieron adictos a los medicamentos. La enfermiza relación iba creciendo y podía estallar en cualquier momento. No había amigos o familiares que los hicieran entrar en razón. Sufrían de un mal incurable y no tenían la voluntad de tratar de curarse.
En reiteradas oportunidades intervino la policía a pedido de los vecinos. La justicia y la autoridad no ayudaban ni solucionaban la cruel situación.
Cierta vez en una fiesta en la escuela de Juana, comenzó a hacerle una escena a Lucio por su atraso en la cuota alimentaria. Este la tomó de un brazo para sacarla de la sala y ella la emprendió a los gritos acusándolo de golpeador. Padres, niños y docentes lo miraron como si fuese un asesino serial. Huyó del papelón mascullando bronca.
Ambos se odiaban y la tragedia acechaba sobre sus cabezas. Ambos eran víctimas.
La niña estaba influenciada por su mamá y vivía con la dualidad que le provocaba el amor paterno. Su estado era de confusión permanente.
Cierta vez Lucio presentó a Claudia con Juana. Mientras su papá le explicaba lo feliz que serían los tres, ella pensaba en su mamá.
Al regresar con su madre, Juana comentó que su papá tenía novia y que se iban a casar.
Demi que tenía su vida y sus amigos no tenía derecho a reprocharle nada, pero lo hizo.
Aquel fatídico jueves Lucio llamó por el interfono del portero. Demi lo hizo subir. Se iría con Juana al cine y la traería para la cena.
La discusión se inició porque a Demi no le gustó como se había vestido la nena. Por supuesto que era un pretexto. Bruscamente le ordenó que se cambiara. Lucio le recriminó sus modales y esa fue la chispa que desató la pelea.
Demi gritaba para que su hija y los vecinos escucharan. Estaba fuera de sí pero no dejaba de ponerse en víctima y de acusar a Lucio de malos tratos y de gastarse todo en otras mujeres.
Lucio le gritaba –¡Estás loca, loca de remate! Ella gritaba más insistiendo en sus malos tratos. -¡Pegador, pegador!- le decía reiteradamente.
Grito va, grito viene. Así estuvieron unos quince minutos. Se recriminaban todo lo pasado y las frustraciones que se habían provocado.
De pronto Demi se puso roja de ira, los ojos despedían el fuego del odio y a tambor batiente empezó a vociferar ¡No me pegues más! ¡Socorro me quiere matar! Y mientras lo decía corrió hacia el balcón. Lucio, asustado por cómo la veía a Demi, corrió tras ella tratando de atraparla.
Saltando la baranda se arrojó al vacío. Lucio quedó petrificado en el balcón ante la mirada de los vecinos y de Juana que sólo vio a su padre asomado mirando hacia abajo.
El cuerpo cayó pesadamente sobre un automóvil estacionado. No fue muerte instantánea. Alcanzó a balbucear, de manera casi imperceptible: ¡Él lo hizo!. Y murió

Lucio hace diez años que está preso insistiendo en su inocencia y que todo fue una trampa de la loca de Demi.
Nadie le cree. Juana, su hija, tampoco.-

*****
El flagelo de la violencia, llámese de género, femicidio, uxoricidio o en sus diversas formas, debe ser erradicado. Debemos ser activos educadores por la convivencia en paz.

 

Lito el degollador de La Paternal.-

Confiar en la juventud es dejar que tome experiencia.

La Paternal es un barrio tradicional de nuestra Buenos Aires donde los hermanos Fresedo dieron cátedra de tango, Julio Cortazar regaló sus cuentos, César Tiempo sus historias y Pappo Napolitano lo hizo con sus blues. Todavía, por sus calles, se siente el espíritu poético y sensible de ellos, que las recorrieron hacia su gloria.
Allí vive Carlos que es un joven de trece años, ávido lector de novelas truculentas y llenas de violencia.
El bibliófilo había descubierto un libro de historia argentina con importantes y crudas ilustraciones. Veía con entusiasmo imágenes de la guerra civil que duró más de cuarenta años.
Unitarios y federales, allá por 1840, fueron feroces enemigos.
La crucifixión romana, el cadalso de la Europa medieval, la guillotina francesa y los fusilamientos modernos no desarrollaron tanto su imaginación, como lo hizo “el pasar a degüello” de nuestra triste guerra nacional.
No se tomaban prisioneros, o era poco frecuente, se los mataba.
A veces para que sufrieran más de lo previsto, se les cortaba la cabeza por la nuca.
Los hombres de Rozas en Buenos Aires y de López en Santa Fe, eran famosos por la matanza de aborígenes. Los varones mayores de trece años, la edad de Lito, eran asesinados sin miramientos. Todos con un corte en la garganta. Los niños y las mujeres serían reeducados. Luego con la llegada de las “Remington”, el general Roca y los nacionales serían más rápidos y eficaces que aquellos degolladores.
Cuenta la leyenda que los cuchilleros cantaban “Violín y violón” cuando iban a degollar a un unitario. Si se decía violín se usaba un facón bien afilado, era un corte limpio. Si se insistía con violón la hoja mellada era la indicada, se hacía un corte desprolijo para mayor sufrimiento de la víctima.
¡Vaya diversión!
El preso político se mantenía vivo, si era importante, para pedir rescate, y no siempre.
Lito estaba descubriendo lo sanguinario y triste de aquella época.
Actualmente, las noticias de medio oriente y los videos de youtube nos han ilustrado sobre los fanáticos religiosos, asesinos, que han revivido las viejas y crueles prácticas del degüello.
Lito estaba intrigado y no lograba comprender el cómo se puede ser tan duro.
Su mamá, Luisa, descubrió el interés sádico de su hijo.
Como le pasaría a cualquier madre, que desea lo mejor para su hijo. Se asustó.
-¡Pero no mamá! ¿Cómo me voy a enloquecer con estas lecturas?- respondió malhumorado ante la intervención materna.
Luisa, desconfiada, asustada y poco convencida, habló con Alberto. Este le explicó que una forma de elaborar sus propios miedos era lo que hacía que el niño se petrificara, aunque pareciera que se deleitaba, ante tales hechos
El padre siguió a media distancia los avances de Lito con sus lecturas y las técnicas de cortar cuellos. Con esa mentalidad lúdica característica de los varones y apostando al riesgo, Alberto, le regaló un cuchillo de monte, con mango de ciervo y una gran hoja bien afilada.
-¡Tomá- le dijo- ya tenés edad para usar semejante cuchillo!
Lito sorprendido agradeció a su padre y observando su nuevo juguete lo probó cortando unos leños de la chimenea.
-¡Qué filoso!, ¡cómo pesa en la mano! ¡Qué lindo!- exclamaba blandiéndolo como si fuera una espada.
-Ahora te podés lucir en los asados pero sé cuidadoso en su uso- dijo Alberto severamente.
Lito sin comentar lo de sus lecturas agradeció a sus padres el regalo.
El enojo y preocupación de Luisa crecían a más no poder. Estaba furiosa con su marido.
-¡Paciencia!- le pedía Alberto a su mujer- todos los varones soñamos con armas para atacar o defendernos si somos atacados. Luego…
-Luego nada…vos estás loco con incentivar al niño- dijo marchándose dando un portazo.
Pasaron unos días en los que Lito seguía con sus lecturas, que eran historias de guapos cuchilleros, que allá por el 1900 inspiraron tantas letras de tangos. Observaba su arma de cortar y se veía en plena batalla matando duelistas. Practicaba, frente al espejo, cómo repelería los mandobles enemigos.
Cuando fueron al campo, Lito invitó a sus amigos y lucía su flamante cuchillo en la cintura.
Cortó cuanta rama se le cruzaba y clavaba el arma en los árboles sin cesar.
Cerca del mediodía, su padre lo convocó y le dio una simple tarea.
Dos gallinas atadas por las patas serían parte del almuerzo.
Lito las degollaría y sus padres las pelarían, limpiarían y cocinarían.
-Allá en aquel tronco las degollás y me las traes, ¿entendiste?- habló Alberto con firmeza.
Lito sin dudarlo fue hasta el tronco. Conocía la técnica ya que había leído mucho sobre el tema.
Puso el cuello de la bataraza bien estirado y sacó su cuchillo. La gallina lo miraba aterrorizada. Trataba de aletear buscando huir.
Cortó confiado y de un golpe certero la degolló. La sangre del animal brotó a borbotones. La sangre era un río rojo que le tiñó las manos. Soltó al animal que dio dos o tres saltos cayendo muerto a pocos pasos del niño.
***
La sangre lo descompuso y al bajarle la presión arterial se mareó y tuvo nauseas. Después sintió vergüenza…
Le costó mucho tiempo reponerse y evitaba comentar lo sucedido.
A partir de aquel día se alejó de ciertas lecturas.

 
 
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