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Archivo de la categoría: Cuentos con suspenso

DE EXTRATERRESTRES Y LA INVASIÓN “IN”.

Jeremías Gauna sabía que tenía los días contados. Se sentía perseguido y la paranoia lo iba desgastando. Por lo menos era lo que creíamos sus allegados. No tenía amigos ni parientes, sólo encuentros y charlas casuales con la gente del vecindario.

Había sido en su juventud un brillante profesor de filosofía y un sociólogo crítico como pocos. Fue prohibido en más de una oportunidad y debió trabajar de mozo en una pizzería para sobrevivir. Cuando soplaba algún viento democrático volvía a ejercer, y nuevamente a las andadas con sus críticas. Terminaba despedido y ocupándose de ciertas tareas menores.

A veces nos encontrábamos en el bar de la calle Sanabria. Si él no se ofendía, le pagaba un café. Era agradable escucharlo y yo disfrutaba esos fugases momentos.

Cierta vez me comentó que debía leer  “La rebelión de Atlas de Ayn Rand”, que a pesar de ciertas exageraciones el libro me abriría la cabeza.    -Son como 1200 páginas- me previno- Verá al mundo desde otro ángulo, no deje de hacerlo.

Sorbió el último trago, se levantó y se fue.

Pasaron unos meses en que no supe nada de él.

Cierta vez me lo encontré caminando lentamente por la calle, me pareció un tanto envejecido para su edad, algo encorvado, como si le pesara la cabeza, pero lúcido como siempre. Lo invité a comer y bajo el pretexto de que no me gusta almorzar solo, logré que me acompañara.

Una ensalada con agua mineral fue su menú, un tanto avergonzado pedí lo mismo. Mi idea era comer unos ravioles con salsa boloñesa y un buen vino tinto. ¡En fin!, otra vez será.

Durante la comida me contó que estaba estudiando a Favio Zerpa y su teoría de la invasión extraterrestre. -Esos seres han llegado hace mucho tiempo y se han mezclado entre nosotros, como los topos, que son esos espías que actúan sólo cuando se les manda y mientras tanto son tus vecinos sin dar señales de nada extraordinario. La teoría  no deja de ser interesante- dijo- pero me cuesta creerla.

Tuve el atrevimiento de preguntarle a qué se debía semejante estudio. Su respuesta no se hizo esperar -Desde hace mucho tiempo el hombre viene autodestruyéndose y no tiene lógica su suicidio. Sólo el enemigo trata de que desaparezcas o se esfuerza por esclavizarte. Veremos a qué conclusiones arribo-, pensó en voz alta.

Le pedí que cuando tuviera una opinión formada me la dijera. Asintió.

 

Pasó el tiempo.

Después de un año reapareció Jeremías Gauna.

Pude hablar con él.

Su voz era apenas reconocible, de su boca asomaba un murmullo casi imperceptible. Estaba muy débil, había perdido el apetito y vivía con un simple café con leche y dos o tres tostadas por día.

-Me estoy muriendo- me dijo al oído- los IN, esperan mi deceso. Me tienen rodeado y me odian porque los descubrí.

-¿Quiénes son los IN?- pregunté ansioso.

-Los invasores, Favio Zerpa está equivocado, no son extraterrestres, son de los nuestros o eso aparentan. Se están apoderando del mundo. Mire a su alrededor y los verá por todas partes. Se parecen a nosotros, tienen nuestras costumbres, se mimetizan con facilidad, pero si uno está atento los descubre.

-Usted me hace acordar a la novela de  Herber Wells, La máquina del tiempo, en que Filby encuentra en el futuro a Weene y ella le cuenta la división entre los Eloi y los Morlocks y que éstos esclavizan a los que fueron sus hermanos.

-La novela habla de una separación de la raza humana a consecuencia de las guerras nucleares, esto no es así, es distinto. Aunque los descubrí no conozco su origen, supongo que será producto de una educación que les ha modificado el genotipo.

Diciendo lo suyo escapó sin más, mirando con desconfianza hacia todos lados.

Me paralizó con su afirmación. Sé que está un poco chiflado, pero un hombre de su inteligencia… ¡Pobre! ¡Me partió el corazón de pena!

 

El jueves pasado hizo casi un año de aquel encuentro con Jeremías Gauna.

Lo recuerdo porque hoy llegó, para mi sorpresa, una carta suya:

 

    Estimado amigo, cuando reciba estas letras ya estaré en el reino de los muertos, si es que existe. Después de leer estas líneas, por su seguridad,  debe quemar y esparcir las cenizas de este papel. Su vida va en ello.

    He descubierto cómo acciona la organización IN, son como un ejército en la clandestinidad,  se dan a conocer en pequeños grupos o en forma individual.

Van invadiendo las diversas administraciones y hasta se atreven a cooptar a los gobiernos débiles, poderes en los que luego se perpetúan. Procuran dividir a la sociedad para manejarla a su arbitrio. Acostumbran a la población a los malos tratos; les van cerrando, poco a poco, su accionar hasta dejarlos sin un atisbo de libertad. Los convencen de que sin ellos no se podría vivir, que el caos se apoderaría de sus vidas, usan al temor como estrategia y los esclavizan con sus dádivas. Señalan a tu vecino como al enemigo a punto de atacarte y que sólo ellos te defenderán. Son muy inteligentes y manejan sus maldades con gran disimulo, hasta son agradables en el trato cotidiano. Atacan sólo cuando están seguros de la victoria total y evitan que se den a publicidad sus malos actos. Sólo ellos y nadie más son los dueños de la palabra, hablan de un proyecto que nadie conoce. Se valen de cientos de pretextos para ganar a los mejores, a los que luego  prostituyen y después utilizan para sus fines. Siempre sabrán culpar a los demás de sus errores y jamás habrán de enmendarse.

   En ciertos lugares se los percibe más fácilmente que en otros. ¡Esté alerta!

   Son los hacedores, a futuro, del Apocalipsis.

  Si se propone actuar contra ellos, no se exponga, son capaces de cualquier cosa, su ambición no tiene límites.

  Importante: le temen a la libertad y a la verdad, ese es el antídoto para combatirlos.

La clave para identificarlos es así:   IN  es el inicio de inmorales, intolerantes, ingratos, injustos y sigue la lista. De allí nace todo, busque los adjetivos “in” que existen y tendrá frente a usted sus intenciones y actividades. Así surgirá la nómina completa que los desenmascara. ¡Cuidado! son muy inteligentes, malos y vengativos.

 

                                                                    JG

 

 

 

Su carta me dejó pensando y creó incertidumbre y estado de alerta. Según sus instrucciones, he quemado la misiva y arrojé las cenizas al aire. Lo que no he destruido es la idea de seguir siendo libre y luchar por mi libertad a pesar de ellos.

 

PANDORA

Los tres niños habían encontrado la bolsa amarilla cerca del río.

Entre todos la cargaron y la llevaron al jardín de su casa.

No imaginaban qué podrían encontrar en su interior.

La incognita los tenía excitados y preocupados.

Giraban  a su alrededor. Lentos y con ojos desconfiados.

La niña más pequeña, Benedetta, temía encontrar una rana u otro bicho que la asustara.

La otra, Pecosa, imaginaba hallar papeles y el plano de un tesoro escondido.

El niño, Benja, pensó que habría algún pájaro muerto.

Sus amigos y vecinos, que los habían estado observando, se acercaron a intercambiar ideas referente al contenido.

Era unánime la opinión de que dentro de la bolsa no habría nada feo.

Uno de ellos se atrevió y descorrió el cierre.

De inmediato todo se iluminó con variados colores como rojos, amarillos, verdes y azules formando un gran arco iris.

Cuando Benjamín introdujo la mano encontró flores blancas, muy blancas. Todas fueron repartidas entre la concurrencia.

Pero no conforme con el hallazgo, buscó y rebuscó. Cada vez metía la mano más adentro, hasta que llegó al fondo.

 -¡Por fin!- exclamó.

Levantado el brazo como un triunfador mostró, a los presentes, la última flor de un intenso color oscuro.

-La saqué de raíz. Ya no se reproducirá jamás- dijo con orgullo.

-Gracias Doctor- fue lo único que dijimos los amigos de Olguita.

 

CÚMPLASE MI VOLUNTAD

Había sido una jornada agotadora.

 Así era su historia cotidiana, nada nuevo bajo el sol.

Toda su juventud fue de inmenso esfuerzo ya que las metas impuestas eran elevadas.

 Mucho trabajo, intensas horas de estudio y el buscar y cautivar a las relaciones necesarias para obtener los objetivos previstos.

He aquí su agitada vida.

Esa tarde, se sentía en plenitud, tenía la sensación del deber cumplido. En realidad era mucho, pero mucho más, ya que de la nada había creado un imperio.

La empresa con sus tres mil operarios, sus propiedades de infinito valor, su joven y hermosa mujer, sus hijos y amigos, el respeto y la admiración de sus allegados, llenaban sus felices momentos.

Ahora sus pedidos eran órdenes y nadie osaba no cumplirlas.

Jueces, diputados y cuanta autoridad fuera contactada se ponían a sus pies. Era convincente y un triunfador que contagiaba entusiasmo y transformaba a los demás en sus seguidores.

Disfrutaba su poder y no disimulaba su orgullo.

Esa tarde regresó temprano.

Su chofer lo llevó a la mansión de las afueras. Amaba el campo y el clima templado del inicio de la primavera lo invitaba a descansar bajo el despejado cielo pampeano.

Se sentó en su sillón favorito, en la galería de los rosales, se sirvió una buena copa y encendió uno de sus cigarros.

Se dejó relajar con la vista perdida hacia la nada. Se sintió muy importante.

Inspiró profundo y en su cara se dibujó una tenue mueca de satisfacción.

Sorbió su trago fresco y aspiró el pesado humo del puro. Mentalmente repasó el trabajo del día y pensó con desgano en las directivas que daría a sus subalternos al día siguiente  y se emocionó.

Sonrió imaginando la prontitud y esmero con que cumplirían sus directivas.

Apoltronado en su trono, descubrió el placer que le producía dar órdenes.

 -Para ser  bueno mandando, primero hay que aprender a obedecer- le habían enseñado y siempre recordaría aquella lección. Había sido un brillante discípulo y la muestra estaba a la vista.

Mandar, dirigir, ordenar… ¡Qué hermoso es el poder!

Estaba sorprendido por sus reflexiones y se regocijaba en ellas.

-¡Estoy tan feliz que moriría en este instante! –dijo en voz alta entre sorprendido y eufórico.

El cigarro se consumió antes que el mayordomo lo viera.

La muerte cumplió su orden. Le dio el gusto.

 

LA CITA

-Quedamos a las cinco y media y aquí estoy.

 Me voy a la mesa que da al parque. Las plantas y las flores dan clima.

¿Será alguno de los estos tipos?

No creo. Le dije que traería un vestido verde suave y cartera haciendo juego.

Me vieron entrar pero ninguno se movió.

-Señora ¿Toma algo?- el mozo interrumpe sus pensamientos.

-Espero a una persona, luego le pido.

Aquel de la izquierda me mira con insistencia. ¡Hum!, no es mi tipo y además me hace acordar a Enrique, ese mentiroso que me dejó por una mocosa que no vale nada. Me dijo que era la hija de su prima, ¡vaya sobrinita! Y como una idiota me lo creí, si no fuera por la portera que me dijo –Señora Gladys, el señor Enrique le está jugando sucio- todavía sería una flor de cornuda.

Mejor pido un café y me enciendo un pucho. No me gusta esperar. Ya empezamos mal.

-¡Mozo, mozo. Un cortado, por favor !

El color del vestido es lo de menos. Le comenté de mis ojos verdes y mi piel blanca, ahora que me miro bien esta piel está un poco ajada. Esta noche me doy un baño de crema y de paso empiezo a hacer gimnasia, estas rodillas huesudas me dan espanto y estas carnes caídas me asustan.

Le hablé de mi pelo rubio rojizo. Parece paja seca pero el color se mantiene.

¡Ay!, será ese que entra. Voy a mirar para otro lado. Que se acerque y se presente.

-¡Disculpe, señorita!

-¡Estee!¿Sí?

-Su cortado.

-¡Gracias!

 No era el que entró. Allí está con el gordo de gris, ese gordo me hace pensar en Juan. ¡Cómo engordó!, cuando lo conocí era un atleta y mirá hoy, es una bola de grasa. ¡Qué lindo era y qué amante! ¡Qué verano pasamos!

Si nos hubiésemos casado hoy sería otra gorda viviendo con un obeso. ¿Quién me quita la tranquilidad que tengo ahora? ¡Nada ni nadie! Fue una simple despedida.

¡Ché, este no viene! ¡Me dejó plantada! Peor para él.

Esta noche entro al sitio web de las solitarias y busco otra cita.

 

 

Al otro lado de la confitería en la mesa contra la columna.

 

 

-Señor, su café. Linda la rubia ¿no?

-¡Eh!  Disculpe estaba distraído y no lo escuchaba.

– ¡Sí!, me di cuenta por cómo la miraba. Me dijo que está esperando a alguien.

-¡Gracias mozo!, ¡vaya!, ¡vaya!

Si no hago así a este tipo no me lo despego más.

Está nerviosa.

 Es un poco huesuda pero la veterana se ve muy bien.

Los fierros y las piedras son de calidad, seguro tiene un lindo bulo.

¡Pucha!

 ¡Qué lástima que este metido me haya tenido en cuenta!

 Si a esta flaca le pasa algo, el mozo seguro me recuerda.

 ¡Mejor la dejo ir!

¡Hoy es tu día de suerte viejita!

Ya encontraré otra víctima.

 

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MIEDO INFANTIL

 

 

¡Qué miedo!

 

 

 

Los ojos no me alcanzaban para ver aquella escena terrible.

 

Tuve miedo. Mucho miedo.

 

Cerré los ojos esperando que se fueran.

 

Esperé un rato, mucho tiempo. No sé.

 

 Los espié. Allí estaban girando por el cuarto.

 

Apenas atiné a cubrirme con una manta para que no me vieran.

Si me descubrían seguramente sería presa de sus ataques y hasta comerían mis carnes mientras yo iría muriendo lentamente y con gran sufrimiento.

 

Eran grises, deformes y se movían con extrema lentitud. No me veían pero yo sí los veía.

 

Estaban buscando algo y al moverse cambiaban su aspecto. Figuras cambiantes pero siempre feas.

 

El silencio absoluto los protegía. Dejé de respirar para que no me oyesen. Mi corazón latía rápido y hacía ruido dentro de mi pecho, le apoyé mis manos y apreté para silenciarlo.

 

 A lo lejos escuchaba el pasar de un lento y cansino tren. Seguro era gris como los monstruos que me estaban aterrando y sucio, eso…muy sucio, como ellos.

 

Con suerte el tren tapa el tambor que tengo dentro repiqueteando sin cesar

 

¿Dónde están todos, por qué estoy tan solo?

 

 No debo moverme y debo respirar suavemente, el menor ruido los atraerá hacia mí.

 

¿Qué buscan, qué quieren? ¿Son los que se alimentan de niños?

 

Debo dormirme porque esta pesadilla se convertirá en otro sueño menos feo. ¡No puedo estar despierto!, pero… ¡Sí!, estoy despierto y los veo, no es un sueño.

 

Papá me enseñó que no me deje dominar por el miedo, voy a esperar un rato y a espiarlos un poco más.

 

¡No están, se fueron!

 

¡Ah!, qué tranquilidad. Por las dudas seguiré escondido debajo de la manta.

 

Espero…espero.

 

Ya está el sol que es quien espanta a los horribles monstruos.

 

Voy al cuarto de mamá y me meto en su cama, me acurruco a su lado.

 

¡Qué linda y fuerte es mamá! ¡Qué tibiecita y quieta que está! Huele lindo, a jazmín, su piel es tan blanca y suave.

 

La abrazo y vuelvo a dormir. Estoy cansado.

 

No sé cuánto tiempo hace que duermo, pero ella se da vuelta y me acaricia.

 

Me despierto.

 

Cuando me pregunta qué hago a su lado y cómo dormí, le cuento mi historia y cómo los espié todo el tiempo.

 

Quiere saber si tuve miedo.

 

Miento en mi desesperación, soy un hombre y los hombres son valientes. Le respondo “que no” porque ella y papá me cuidan y además pensaba llamar a Misterix o a Lotario el fuerte ayudante de Mandrake el Mago.

 

Me interrumpe con un beso y me acaricia. ¡Qué placer!

 

Mamá me dice que ella de ver feos hubiera tenido miedo y que cuando algo la asusta se pone a rezar y eso la ayuda. Me cuenta, también, que no sólo rezando se arreglan las cosas, que hay que descubrirlas, saber quiénes son y de dónde vienen.

 

Nos levantamos y me lleva a mi cuarto a ver por dónde entraban esos malos que asustan a los niños.

 

Mueve las cortinas de la ventana y me muestra las sombras que se reflejan en las paredes.

 

Me acerco a ver mejor. Yo estaba detrás de mamá y me quedé parado en la puerta de mi habitación.

 

Para festejar que mamá descubrió el misterio subí a mi cama y me puse a saltar de contento.

 

Esa mañana, después del desayuno me enseñó a cocinar caramelos de azúcar quemada y limón.

 

Me senté en el tercer escalón de la escalera a comer mis caramelos y a leer las historietas de mis héroes que también me cuidan.

 

Todo lo acontecido fue en otra vida cuando estaban papá, mamá… y aquel niño tan pequeño.

 

 

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fotosdelainfraccion.com

La directora inauguraba la IV Exposición Fotográfica del Colegio Nacional. Todos los alumnos pudieron participar siguiendo las consignas habituales, controladas por la Comisión Organizadora compuesta por profesores de la casa y representantes del Municipio.

“Vida y obra de mi ciudad” era el tema de ese año.

Más de mil fotografías estaban expuestas, tal el interés logrado entre los alumnos. La cámara digital facilitaba la puesta ya que se podía disparar hacia el objetivo infinidad de veces y luego en la computadora seleccionar lo mejor, y a bajo costo ya que hasta la impresión de las imágenes las puede realizar el interesado. Ya no hace falta película ni laboratorio, cada uno puede transformarse en un experto fotógrafo.

La variedad de temas fue incalculable ya que jardines, flores, niños en el parque, viejos al sol, mascotas demostrando sus habilidades y todo lo imaginable aparecían en el papel impreso. Los títulos de las fotos eran otro hallazgo ya que la imaginación juvenil no tuvo límites y así se leía “Abeja traviesa tomando sol”, “Caída del sol sobre mi terraza”, “Niños jugando”, “Maldito cigarrillo”y siguen los títulos. “Fotosdelainfracción.com” fue corregido, se le agregó el acento, por una profesora de castellano que no sabe nada de informática ya que las direcciones en los sitios web utilizan palabras prosódicas. Fue la comidilla de los alumnos provocando risas y burlas.

Los trabajos eran anónimos, números y letras reemplazaban al nombre del autor.

Los presentes tenían derecho al voto. A las 20 horas se abriría la urna y se haría el recuento para saber quién ganaba el concurso.

 

Juan Baldomero, desde hacía tiempo, había ajustado su cámara digital para hacer una serie de fotos cómicas de sus compañeros de clase.

Los atrapaba haciendo pis fuera del mingitorio, en calzoncillos en el vestuario, espiando a sus compañeras mientras se duchaban y todas las travesuras posibles de los alumnos varones del segundo curso.

La cámara digital ya formaba parte de su anatomía y le permitía aventurarse más allá de lo que se permite un adolescente de apenas catorce años.

Su timidez lo limitaba aunque la iba superando de a poco. El pretexto de las fotos le daban cierto aire de importancia, quería hacer algo distinto y la publicidad de la Intendencia le abrió las puertas a su deseo.

“Denuncie la infracción” decía el cartel. Su padre le hizo saber que durante su juventud la publicidad decía era algo así como “No se queje si no se queja”.

El concurso y la invitación del municipio a la denuncia lo indujeron a que con su cámara hiciera fotos de infracciones.

 

Llegaron las 20 horas y se abrió la urna que decidiría al ganador.

El tercer premio lo ganó Lucrecia Gómez de la cuarta división con la foto de una hormiga llevando una enorme hoja, la tituló “La carga más grande”.

El segundo premio fue para Esther Fonseca de la quinta división con la foto de una enfermera socorriendo a una anciana en la plaza principal y la llamó “Urgencia en la plaza”.

El primer premio fue para Enrique Estevez de primer año con la foto de un nido con sus pichones llamado “Hogar”.

El premio especial fue para Baldomero que fotografió al automóvil policial estacionado sobre las rayas blancas de los peatones y la llamó “La ley infringe la ley”.

Los cuatro fueron reporteados para la revista escolar y uno de los diarios barriales que se regalan sin costo alguno.

Los cuatro premiados tenían derecho a una exposición de sus mejores fotos en el Palacio Municipal. Así lo hicieron.

Baldomero en su inocencia  presentó las fotos picarescas de sus amigos y otras donde se veían infracciones cometidas a diario.

Ver a un policía hablando por celular desatendiendo su trabajo, la pila de basura y de fondo el camión que se va sin recogerla, vehículos mal estacionados, motociclistas sin casco, el cruce de vehículos y peatones con las barreras bajas, un chofer arrojando papeles por la ventanilla de su auto y un carrero azotando a su pobre caballo eran imágenes que cubrían su panel. Por falta de espacio, sobre una mesa apoyó dos carpetas llenas de fotos llenas de faltas que nadie corrige.

Baldomero causó sensación entre sus compañeros y los de otros colegios. Pronto fue invitado a ser el presidente del club de fotografía y más adelante el responsable del Centro de Alumnos.

Debió repetir hasta el hartazgo de dónde surgió la idea de hacer fotos cómicas, como las llamaban sus admiradores, además les explicaba la técnica a seguir. El entusiasmo de la población escolar por ese tipo de fotografías fue tan grande que pronto aparecieron varios sitios web ilustrando todo tipo de tropelías y trapisondas de alumnos y profesores, luego salieron a la calle a buscar más imágenes y así fueron inundando el espacio cibernético.

Los adultos restaron importancia al acontecimiento ya que la informática es tema de jóvenes y ellos están para cosas más importantes.

El juego de hacer fotos de la infracción fue creciendo y de un pùeblo pasó a otro y de ese a otro más y se sumaron las ciudades y así continuó creciendo.

Diarios y revistas especializados en informática hablaban del fenómeno en ciernes. El mundo adulto no demostraba interés ni se preocupaban demasiado por ese juego infantil. Ya pasaría como tantas cosas.

Cuando se brinda un esfuerzo de diez puntos, a la siguiente vez se exige otro esfuerzo mayor, si se brinda de quince, a la vez siguiente se deben dar veinte y así la exigencia se extralimita. Para mantener la novedad de fotografiar a la infracción hubo algunos aficionados que se transformaron en “paparazzi” y comenzaron a perseguir, casi a hostigar, a la gente del espectáculo, pero no conforme con ellos la emprendieron con gremialistas y políticos.

Las infracciones del hombre común provocan risa pero las del hombre público no. Los jóvenes ignoraban esta verdad.

Fotos comprometedoras de intendentes, diputados, ministros y senadores aparecieron en la red.

Los adultos criticaban al Ministro de Salud que probando la comida del Hospìtal Materno Infantil puso cara de asco, la imagen no mentía. Llamó la atención la foto del gremialista viajando en un gran auto importado de precio prohibitivo para el común de la gente. Así la opinión pública dejó de leer los complacientes diarios para ver los sitios de esos traviesos niños.

Se acercaba la época de elecciones. Baldomero y sus seguidores causaban gran preocupación.

La Directora de la escuela citó a sus padres y les pidió que intervinieran para que su hijo dejara de faltarle el respeto a las autoridades constituidas y así evitar problemas y escándalos.

No hubo cambios.

Baldomero recibió una sanción escolar por llegar tarde a clases. Fueron varios alumnos los retrasados pero sí fue el único que recibió un castigo.

Ese mes el papá tuvo problemas al cambiar el cheque de su salario. A los pocos días la abuela tuvo inconvenientes en cobrar su jubilación. La compañía de gas debió cortarles el suministro porque había una pérdida en la cañería y así continuaba la vida familiar, llena de pequeños problemas que si bien se iban solucionando no dejaban de ser una molestia.

A todo esto el niño había abandonado su sitio “fotosdelainfraccion.com” pero…las fotos se reproducían cada vez más. Había cobrado vida propia y era imposible parar el juego. Otros hackearon el sitio y ya era inmanejable por Baldomero.

 

Había pasado el fin de semana largo. Ese lunes Baldomero no fue a clases. Los chicos lo fueron a buscar y en su casa no había nadie.

Se habían marchado.

La directora recibió la carta de despedida firmada por toda la familia. Se mudaban lejos para evitar inconvenientes. Ella y el Intendente no entendieron el porqué de su alejamiento y así lo declararon al periodismo: “Esta tierra de libertad que acoge a sus hijos con todo cariño, donde se protege al ciudadano y el futuro está presente para todo el que quiera vivir entre nosotros, lamenta la ida de tan amada familia”

 

Felizmente esto es un cuento. 

 

EL LEGADO

La mañana era fría, lluviosa y no sentía placer al tener que salir.

Las calles húmedas y grises acompañaban mi curiosidad.

Jamás creí vivir semejante situación.

Así se dieron las cosas.

La reunión se llevó a cabo en la galería central. Última oficina, al fondo.

Mis primos, mi tío, los abogados y los médicos esperaban. Llegué justo a horario. Escuché las campanadas del viejo reloj dando las diez horas.

En la mesa central estaba el cofre. El abogado de la familia lo abrió y entregó el sobre lacrado al notario oficial.

Éste lo revisó comprobando que los sellos estaban intactos.

-Señores-dijo-iniciaremos el acto con la apertura del sobre y lectura del legado de doña Esperanza Bravante Espinoza de Robles.

Un gran silencio invadió la reunión.

Se leía en los rostros la angustia y curiosidad de los presentes, excepto de mi tío Gerardo.

El documento decía, según recuerdo, más o menos así:

                                                       Cuando se lea este documento es porque ya no pertenezco a este mundo. Con mis facultades mentales en plenitud y sano juicio he decidido repartir la herencia familiar de las cuales soy la administradora y única heredera. Por ello con mi abogado y médico de cabecera como testigos es que:

                                                       Dejo a mis queridos hijos todas mis alhajas y propiedades. A mi fiel sobrino (yo) la cabaña a orillas del mar. Al hospital de Maternos, del cual mi madre fue la fundadora, los pisos de la avenida Las Heras y sus ganancias de alquileres.

Si mi fallecimiento sucediera de forma natural, lego a mi leal marido, la renta de mis campos…

Así concluyó la lectura.

Silencio absoluto.

Sólo tío gesticuló mascullando algo.

Todos sin excepción, comprendimos o creímos comprender la naturaleza del extraño e incomprensible accidente que sufriera tía Esperanza.

 

 
 
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