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Archivo de la categoría: Cuentos policiales

VIOLADAS Y PRESA.-

Mi país, Argentina, trata de huir de la calificación que injustamente se le endilga “de ser un país bananero sin bananas”, de ser poco fiable y muy injusto. Es verdad que hace años venimos luchando contra una clase dirigente incapaz e inmoral. Es un país dividido pero no sólo por ideas, que las hay de todo tipo, la gran división pasa por la sociedad de los que viven dentro de ella y de esa mayoría silenciosa que está marginada, mirando cómo pasa su vida en la miseria absoluta. Ser pobre no es ser mala persona, de la pobreza se puede salir. Ser mísero es más complejo. Durar sin salud, sin educación y sin posibilidades de un oficio o una profesión, es estar muerto en vida. Depender de la limosna de los estados o de otros, es la esclavitud moderna.
Los casos policiales que les voy contar sucedieron, suceden y, si no cambiamos las cosas, sucederán.
La mañana del 12 de febrero de 2010, en Villa Perro, ahí nomás a dos kilómetros de la avenida General Paz, la niña Esther Jacinta, de trece años, fue violada por su hermanastro, joven con frondoso prontuario y con libertad bajo palabra.
La niña escondió el hecho hasta que pudo. Cuando su madre la descubrió la rompió a cintazos y lo menos que le dijo fue que era “una puta”, que en la villa todos se burlarían de ella.
Peor le fue cuando dijo quién lo había hecho y en qué circunstancias.
La trataron de mentirosa, la molieron a palos y la echaron del rancho en que viven hacinados.
Se alojó allá por detrás del “Tambo” en la casucha de su amiga Elba.
Dejó de ir al colegio y se refugió juntando vergüenza y odio.
Odio a su familia y odio a eso que tenía en la panza. Es una loca desesperada.
Esa madrugada del 12 de febrero de 2010, entraron a robar en la calle Sarmiento de Vicente López. Maniataron a Deolinda y a José. La niña de la casa, Evelina, fue tomada entre los tres maleantes. Los degenerados la violaron. Los delincuentes disfrutaron el sufrimiento del grupo familiar, especialmente, desde ya, de los gritos y llantos de la pobre jovencita.
Fueron atrapados por la policía y son gente con enorme prontuario criminal. Estaban en libertad bajo palabra.
Evelina bajo cuidado privado psiquiátrico y médico ginecológico descubre su embarazo. Con apenas catorce años ya es una mujer envejecida. Los padres confían en los profesionales y que todos aprenderán a sobrellevar la aterradora experiencia.
Tanto Deolinda como José no quieren que su niña cargue con este triste recuerdo toda su existencia. Toman entre los tres una drástica decisión.
Esther Jacinta empezó a sentirse pesada y mal de salud, no dejaba de culparse y el odio a su mísera vida la iba carcomiendo.
Se acercó al hospital zonal y la guardia le confirmó su embarazo.
-No quiero tenerlo- fue su única respuesta.
-Nosotros no podemos hacer nada- fue la respuesta que no se hizo esperar.
-Es que yo me odio por lo que me está pasando- dijo de inmediato, evitando delatar a su hermanastro. No olvidaba las palizas que recibió al acusar al energúmeno.
-Pensarlo mejor antes de abrir las piernas- dijo alguien.
Su respuesta fue el llanto, un llanto desgarrador que a nadie inmutó.
Huyo de ahí. Huyó despavorida, sola, abandonada a su mala estrella. Tomó una decisión drástica.
Evelina pasó la cirugía sin complicaciones físicas. De lo otro se seguirían ocupando sus padres y profesionales.
Esther Jacinta se pinchó con el inflador de la bicicleta.
Su amiga Elba la encontró desangrada, tirada en el fondo de la casilla. Estaba pálida y la dio por muerta. Llamó a la policía. Fue trasladada al hospital y salvada. Estuvo quince días internada.
Elba concurría todos los días a visitarla. Estaba bajo custodia policial. Sólo su hermanastro pasó a verla y sus pocas palabras fueron “en flor de quilombo te metiste, aparte de puta asesina”- y se fue.
Ha pasado el tiempo, del juicio a Esther Jacinta ya nadie se acuerda.
Las pruebas demostraron su violación y el abandono en que se había encontrado.
Por su parte Evelina ya está terminando su carrera universitaria, será una gran abogada.
El Honorable Congreso de la Nación, hace como que debate la despenalización del aborto. Esther Jacinta no se ocupa de ello, trata de sobrevivir a su encierro carcelario.
Los violadores ya están en libertad.

 

LO NEGADO, ¿NO EXISTE?

Sentados frente al pocillo de café, escuchaban al Ministro con cierta indiferencia hasta que logró que se pusieran atentos.
-La inseguridad es más una sensación que una realidad- decía la autoridad a su audiencia sin enrojecer.
Los otros parroquianos del bar, no hacían comentarios aunque sabían que el funcionario no veía la realidad. La cuestión era si los escuchas, creían o no en lo que este funcionario decía. Nadie se animaba a razonar en voz alta aunque era cosa de todos los días que te robaran, violaran o mataran, especialmente, en la periferia de la ciudad.
Los jóvenes estudiantes dejaron su mesa y regresaron al aula. Decidieron estudiar los dichos del funcionario, para ubicarlos en la categoría de falso o verdadero. La tarea consistía en investigar, buscar pistas y recoger diversas opiniones. No era su intención hacer ruido. – ¡Sin escandalizar!-decía la profesora con insistencia.
La web sería el medio más usado y sólo se limitarían a lo publicado abiertamente. Nada de sitios dudosos. Debían estar muy atentos a los “trolls, grandes provocadores y altamente agresivos y a los “bots”, cuentas que replican y viralizan, fanáticos capaces de cualquier injuria. Cuando publicaran su trabajo, seguramente, serían rebatidos, y, por tal razón los medios serios serían su única garantía.
Recopilaron cientos de casos de robos, de robos seguidos de homicidio y de homicidios propiamente dicho. Nunca creyeron que debieran separar los homicidios disfrazados de robos, ya sean por venganza o encargo, pero algunos saltaban a la vista por sí solos. Los homicidios a policías llamaron su atención.
De los cientos de hechos delictivos analizados, para ellos, se destacó un caso muy grave pero que pasó sin pena ni gloria. Fue la muerte, en enero del año 2014, de Pepillo Osorio, un narco gallego, perteneciente a una familia de contrabandistas que ampliaron su negocio allá en Gaicia. Ahora dedicados a la droga, en su paseo por Argentina, estaba teniendo encuentros con otros miembros de clanes sudamericanos alojados en Buenos Aires.
En realidad los graves acontecimientos no fueron en Buenos Aires.
Pepillo, cuentan los informes, era un español de visita en Argentina. Un turista que paseaba en compañía de su mujer, una joven abogada, también española y ambos se alojaban en una mansión de Barrio Parque, propiedad de un banquero amigo.
Asistían invitados a gran cantidad de eventos, en los que se codeaban con empresarios, políticos, artistas y personalidades destacadas de la alta sociedad. Si en las reuniones se encontraban con otros narcos no hay registros.
La pareja decidió hacer un paseo a la ciudad de Rosario. Les habían recomendado comer dorado en uno de los afamados sitios a orillas del Paraná. Llegando a uno de los restaurantes del puerto rosarino fueron interceptados por dos motochorros con la intención de asaltarlos. Ante la resistencia de ser robados, Pepillo, sobrino y lugarteniente del gran José Osorio dueño y jefe del clan gallego, fue muerto por los maleantes que le descerrajaron cuatro balazos en el pecho. Ella, Candelaria salió ilesa.
Se inició una investigación y a las veinticinco horas del hecho, encontraron a los malvivientes muertos al mejor estilo “triple A” o, actualizando, al mejor estilo venganza narco. Cadáveres casi irreconocibles.
Uno de los estudiantes decidió seguir a fondo con la investigación, no quería dejar trunco el caso. -¡Poco para leer!- se lamentaba. Por google halló fotos y videos, lupa en mano, revisó minuciosamente los detalles.
Las cámaras de seguridad no reflejaron resistencia alguna por parte de la víctima. Pareciera que les ofrecía su costoso reloj de oro y brillantes, el que se vio tirado a un lado del muerto. -¿Por qué matarlo? Las especulaciones fueron muchas.
Jorge, otro de los estudiantes, decidió indagar por la sobreviviente. Ardua tares ya han pasado más de cuatro años y el material es escaso.
La doctora Candelaria Vázquez de Osorio, dicen los diarios españoles de la época, desapareció navegando en una de las rías gallegas, en la zona de Vigo. Su lancha estaba a la deriva. Su muerte se supone fue suicidio.
Prontamente todo el grupo estudiantil pasó a leer “Fariña de Nacho Carretero”. De inmediato no pudieron dejar de comparar los sucesos gallegos con lo que acontece en nuestro país.
Juntaron datos de la triple frontera, de las matanzas narcos en Buenos Aires y Santa Fe, aunque hay otras provincias comprometidas, estas son las más violentas. Las nacionalidades de los dos motochorros ajusticiados marcaban un camino que atravesaba Bolivia, Perú y llegaba hasta Colombia
Jorge Fotios Castillo, uno del grupo, llamó a su primo que vive en la región de Finisterre y le pidió información detallada del caso Osorio.
-¿Cuál de tantos?- preguntó el primo.
-La muerte de Candelaria Vázquez de Osorio- respondió Fotios.
-¡Ah, vosotros y vuestra universidad!-hizo un breve silencio, carraspeó y habló- Se dice que los Osorios la desaparecieron por traidora. Ellos trabajan con marroquíes, nigerianos y colombianos. Parece que la mujer estaba negociando con mejicanos a pedido de unos albaneses. Se comentaba que cometió la infidencia de hablar con los aztecas y decirles que Pepillo se oponía a dejar a los colombianos. No habría imaginado que lo iban a liquidar. Acá, en España, matar es algo raro pero allá, por tu región, es bastante fácil, o así lo parece. Quisieron hacer creer que ella tenía un amigo íntimo, pero no prosperó el rumor. Oteros y Chalines, después de la Operación Tabaiba se miran mal pero de ahí no pasan.
-Escúchame, primo, esos grupos ¿son mafiosos?
-No es mafia a la siciliana, acá se niega y si se niega no existe. ¿Entiendes? Son familias organizadas que saben abrir las puertas de Europa.
-¡Por supuesto!, acá es algo parecido. Nada es real, todo es una sensación incómoda de una sociedad irresponsable y mal acostumbrada.
-¡Burgueses!- el gallego se reía de su ocurrencia.
-Vos reíte. Te invito a pasearte por el gran Buenos Aires y veremos hasta dónde llegás. Te mando un abrazo y cariño a los tíos ¡chaú!
-¡Chao! Primo y avísame cuando salga a la luz la publicación de la encuesta- colgó.

Los estudiantes pudieron publicar el trabajo dentro del ámbito universitario. Aparentemente no tuvo repercusión alguna o nadie lo leyó.
Tanto en Galicia como en Buenos Aires no hay mafias, así que de eso ni se hable.

 

EL PASAJERO DEL VUELO WAM 458 FILA 17-E

El vuelo WAM 458 de la Compañía Americana Latina West, ha despegado del aeropuerto en el horario previsto. Una hora cuarenta minutos de vuelo era el tiempo estimado para llegar a Maracaibo.

A los 85 minutos de vuelo una falla técnica.

La cordillera andina es el mudo testigo del accidente del vuelo WAM 458.

Rescatistas y montañeses han acudido en auxilio de las víctimas del siniestro.

Se han contabilizado 61 muertos incluyendo a la tripulación, piloto, co-piloto y dos azafatas. Los heridos son 15 de los cuales 9 están en grave estado.

Ha llamado la atención la falta de fuego, se deduce que el avión consumió todo su combustible y por ese motivo cayó. La investigación lo confirmará.

Los técnicos aeronáuticos sostienen, como fuerte hipótesis, que el accidente se produjo debido a  la formación, excesiva de hielo en las alas del avión.

La pérdida de potencia y el error en la maniobra serán los ejes centrales en la búsqueda de la verdad. Se ha encontrado que había exceso en el pasaje, demasiado equipaje y una carga mal estibada, motivos que se suman contra la estabilidad de la máquina.

Con respecto a los pasajeros se han atendido los heridos y un grupo especializado trabaja en la contención de los amigos y familiares de los occisos.

Las autopsias llevarán cierto tiempo, tiempo extenso para los deudos de los fallecidos.

Hasta aquí la trágica noticia, una más de las tantas que inundan periódicos y revistas resaltando nuestra humana fragilidad ante las catástrofes.

El vuelo WAM 458 encierra un misterio. No hay publicación al respecto.

De los cuerpos hallados, se detecta que el pasajero que viajaba en la “fila 17 asiento E”, fue asesinado  antes del accidente.

Confirmado: Ya estaba muerto antes de caer la aeronave.

El “17 E” viajaba bajo el nombre de Alfredo López. Después de realizados los estudios anatómicos pertinentes se detectó un punzón de acero, clavado entre la primera y segunda vértebras cervicales.

Quien lo haya hecho estaba sentado detrás y se presume sería zurdo, según la posición del trozo de metal incrustado en la nuca de la víctima.

De la lista de pasajeros se señala a la anciana Gloria Shupp como quien viajaba detrás del asesinado. La mujer no sobrevivió al accidente.

Al lado de la señora viajaba Walter Mayyer, también fallecido.

Llamó la atención que este hombre tuviera guantes puestos, así se lo encontró, y además era una persona con serios antecedentes policiales. Matón a sueldo y hombre peligroso. La investigación lo señala como el posible matador.

La hipótesis de trabajo es el por qué se mata a alguien en pleno vuelo. La respuesta podría ser que con una muerte silenciosa en el momento del descenso Walter Meyyer podría desaparecer sin llamar la atención. Y siguen las preguntas: Cuánto tiempo hubiera pasado hasta que intentaran despertar al pasajero dormido en el “17 E”, cuánto tiempo en dar la voz de alarma, cuánto tiempo necesita la burocracia para reaccionar. Cuánto tiempo necesita un profesional para esfumarse. Son cuestiones con respuestas que duelen.

Alfredo López, un ciudadano común, corredor de una firma de tractores no tiene vinculación alguna con su matador.

Los agentes de investigación policial deciden ahondar más en la búsqueda de la verdad.

Remiten a Interpol el legajo de la investigación y adjuntan todos los detalles antropométricos de ambos: víctima y victimario.

Interpol confirma que Walter Mayyer, Oscaldo Pacheco, Carlos Varela e Iginio Insúa son la misma persona con serios antecedentes como matón y asesino a sueldo. Buscado en varios países por sospecha de homicidio.

La gran sorpresa llegó por el lado de la víctima. Don Alfredo López, refugiado en Nicaragua, casi sin hablar español es en realidad el Coronel Viktor Kolvic. Acusado de crímenes de lesa humanidad en la llamada “Guerra de los Balcanes”. Buscado desde hace años.

Entre sus antecedentes se destaca haber masacrado a los habitantes de un pequeño pueblo en las afueras de Gorazde, donde sobrevivió una joven mujer llamada Gloria Juvic.

Esa joven mujer en la actualidad  resultó ser  Gloria Juvic viuda de Shupp.

Los interrogantes seguirán abiertos.

 

 

Almuerzo en el Club Social.

(Breve historia de un país con una justicia injusta)
Los jueces de la ciudad se reunieron en su almuerzo mensual. La tradición era encontrarse en el Club Social. Así se viene haciendo desde siempre.
Relajados y alegres se hallaban dispuestos a pasar una agradable velada.
El mozo se acercaba a la mesa trayendo los aperitivos.
Apoyó la bandeja en la mesita auxiliar y fue atendiendo a cada uno de los magistrados.
-¿Es usted el señor juez Lisandro Godoy?- quiso saber el hombre.
-¡Sí!, atienda que no soy de hablar con desconocidos- Firme pero educado, respondió volviendo a lo suyo.
El doctor escuchaba a uno de sus colegas.
El mozo sereno pero insistente le dijo:- Soy Carlos Fuentes, el padre de Gisela, la niña violada y asesinada por Luis Carlés. Asesino, condenado a cadena perpetua, que usted permitió saliera en libertad condicional hace un mes.
Lisandro Godoy, sorprendido apoyó su copa girando hacia el hombre.
Quedaron cara a cara. Los demás comensales hicieron silencio y apenas tuvieron tiempo de reaccionar.
El afligido Carlos Fuentes, ante la injusta muerte de su hija, hizo algo que nunca se hubiera imaginado hacer.
Cinco fueron los tiros en el pecho que recibió el juez Lisandro Godoy.
Carlos Fuentes apoyó el arma homicida y se sentó como pudo al lado de la víctima.
-¡Mi hija ya descansa en paz!- y por fin pudo llorar.

 

LA ABUELA CLOTI Y EL NÚMERO 15.-

“ La venganza no es justicia pero ¡qué placer! ¿O no…?”

La abuela Clotilde entró a la agencia barrial y como siempre le jugó unos pesitos al número 15, “La niña bonita”, que es como le decía su papá hace ya muchos años. Jugar unos pesitos es su vicio inocente y único lujo.
Regresó a casa con su boleta y se preparó unos mates. Se puso los anteojos y abrió el diario. Le interesó un escrito que decía:
Un caso más de venganza en el submundo del hampa. En la plaza “Los Andes” se encontró el cadáver de un ladrón, con importantes antecedentes, muerto por dos tiros en el estómago. En los últimos tiempos se sospecha que un maníaco serial está matando, sin hallarse aún, su metodología. Autoridades policiales y dirigentes políticos están muy preocupados por esta ola de violencia que se ha desatado.
***
Clotilde Muzzo Carlés, la abuela Clotilde, salía del banco. Acaba de cobrar su jubilación.
Dos jóvenes en moto se le acercan y de un manotazo le roban la cartera. La abuela Cloti cae al piso y humillada ve cómo se va su dinero por la cloaca.
Es una víctima más de una salidera bancaria. La viejecita de 1.45 metros de estatura y 44 kilogramos de peso ha sido robada por dos motochorros. Pasa a engrosar una larga lista de víctimas de la inseguridad urbana.
La abuelita siente que las grandes ciudades argentinas y sus alrededores se han llenado de ladronzuelos y rateros. Ella siente que están protegidos, bajo los más variados pretextos, por políticos y funcionarios ineptos o corruptos.
Piensa en el caso de los narcotraficantes que arreglan, su accionar, con la oligarquía política. Y muy bien asesorados hacen su agosto. Sólo son reprimidos por otros traficantes que disputan territorio.
Doña Clotilde está vieja e indefensa pero no es idiota, sabe que el mal ejemplo de arriba llega hasta muy abajo y no hay sociedad que aguante.
Ella ve que no hay reclamo que sea escuchado. Explicaciones y más explicaciones son las excusas que ponen los inoperantes mezclados con los funcionarios asociados al delito. La abuela Cloti sabe que el resultado es el mismo.
-¿Cómo puede ser que un país que dirigido, en casi toda su historia, por militares o abogados carezca de seguridad y justicia?- se pregunta asiduamente.
La señora hija de padre calabrés y madre catalana piensa que algo se debe hacer y no bajar los brazos pero ¿qué?…
Sus hijos quieren que viva con ellos o que se interne en una casa de retiro. Que no esté sola. Tienen miedo. La abuela defiende su libertad e independencia y no está dispuesta a negociar.
Cierta tarde en la televisión dieron una vieja película de Charles Bronson llamada “El vengador anónimo”. Un pobre hombre que ante el asesinato de su mujer y la violación de su hija decide tomar justicia por mano propia.
¡Ojalá fuera acá!, pensó. Y siguió con sus cosas.
Doña Cloti no se daba cuenta que con esa expresión señalaba su miedo y la pérdida de su seguridad. Ya no es la misma persona que salía, iba y venía tranquilamente. Ahora cerraba puertas y ventanas. Se encerraba en su celda familiar llamada hogar.
Un martes por la mañana iba acompañada por Nati, su hija. Era el día de su visita de rutina al médico. En plena luz del día, en la avenida Corrientes, cerca del Obelisco, zona céntrica si las hay, un descuidista le robó su cartera. Natalia pidió ayuda y cuando la policía llegó ya era tarde.
La abuelita Cloti mascullando bronca, de vuelta en su casa, puso en marcha un plan. Sería cruel pero su furia pudo más que ella. Sintió que el miedo la estaba enloqueciendo.
Pasó un tiempo encerrada en su casa y…
Buscó un contacto, allá en su barrio, con un lumpen medio mula y mandadero. Logró comprar una pistola calibre 22 con silenciador pero sin proyectiles.
Días después, con otro lumpen, consiguió las balas.
-Si yo los conozco, cómo puede ser que la policía los ignore- se decía.
Para ser carnada de la inseguridad debía tentar a los ladrones. Se le ocurrió comprar un teléfono móvil de última generación.
Sin advertir a nadie puso en marcha su plan.
Ya han pasado tres meses.
La abuela Cloti sigue en lo suyo, un plan siniestro y audaz, ahora su forma de mirar ya no es la misma.
Como todos los viernes jugó unos pesitos a su número favorito “el 15” y se fue para el centro. Se instaló en un banco de la llamada “Plaza de la República”, pegadita al Obelisco. Su apuesta es muy alta.
Sentada en el banco de la plaza, con su móvil a mano, fue amenazada por un joven, quien cuchilla en mano, se sentó a su lado y apoyando la punta filosa en el cuello de la viejecilla, le reclamó que le entregue el teléfono.
La abuela Cloti, sin inmutarse, lo saludo -¡Hola número 15!
El ratero la miró sorprendido. No tuvo tiempo a nada más.
Dos pequeños estallidos le reventaron el estómago.
La viejita se puso de pie, miró a izquierda y a derecha. Acomodó el cuerpo del muerto, guardó la cuchilla entre las ropas del ratero y se retiró lentamente.
Llegó a su casa, escondió el arma y dio por terminada su tarea. Ahora descansaría.
A la mañana siguiente salió, compró el diario. Llegó a su casa, se puso los anteojos y lo abrió. Le interesó el titular que decía:
“Un caso más de venganza en el submundo del hampa. En la plaza … “

Y sigue la vida.

 

Asalto Nocturno

Fue en la fiesta de egresados que presté atención en Elizabeth. Muy bien producida, con un vestido rojo caro, muy caro y adornada con joyas de primera línea y exclusivas.

No la conocía, siempre me mantuve alejado de las mujeres feas. Mi éxito con las féminas no me permitía tratar con un bicho como ella. No sabía quién era hasta ese día.

-¡Ay!…¡cómo duele!…

-¡Felicitaciones abogado Claudio!- dijo Esteban levantando su copa.

-¡Felicitaciones doctor Esteban!- respondí en voz y gestos de agradecimiento, levantando, también, mi copa.

-No me entendés – corrigió.

-¿Qué no entiendo? – pregunté entre sorprendido y curioso.

-No es por nuestros títulos que brindo. ¡Es por tu suerte!

-¿Mi suerte?- seguía sin entender.

-Elizabeth te echó el ojo.

-¿Y?

-Y nada. Es la hija única del hombre más rico de sudamérica- tragó el último sorbo y se alejó sonriendo.

A partir de ese diálogo me dejé acercar a Elizabeth.

El amor tiene su precio y una buena vida también.

Después de unos pocos meses de romance nos casamos.

-¡Qué dolor!…

Nació Claudio Elio, con el nombre del padre y el de su ilustre abuelo, el super millonario. ¡Qué menos que eso!

 El niño, mi hijo, resultó ser tan metódico y racional como yo. Un témpano pensante.

Se sucedieron once años de soportar un amor pegajoso y vigilante. Sus celos enfermizos provocaron que decidiera deshacerme de ella. Debía ser cuidadoso con no perder mi prestigio y futura herencia.

Puse mi sangre fría e inteligencia al servicio del crimen perfecto. Fui ideando un plan donde los dos seríamos las víctimas.

 

Compre una cuchilla en la Feria Gaucha de Mataderos. La hice afilar a mano cosa de asegurarme las huellas dactilares de un desconocido. El expediente de la investigación dirá: huellas dactilares no identificables en el arma homicida.

Un extraño sin conexión alguna con nosotros.

Guardé la faca con cuidado.

Analicé una y otra vez la puesta en escena.

 Yo entraría encapuchado por la ventana del dormitorio, ventana a la que forzaré desde el exterior. Usaré una barreta para hacer poco ruido.

Tengo la certeza de que Elizabeth estará bien dormida porque se ayuda con pastillas.

La apuñalo, me hiero y con la pistola que estará sobre mi mesa de noche haré varios disparos que atraerán a las mucamas y con suerte a los vecinos.

El agresor huirá por donde entró. Me aseguraré que se encuentren huellas.

La policía hará pocas preguntas ya que se verán las marcas de mi pelea y las pisadas en el jardín.

Acudiré, pidiendo ayuda, a mi colega el Fiscal Joaquín Prieto Galmaz. Como amigo sabrá abreviar la gestión.

Antes, razoné, pasaré los seis meses previos haciendo una vida correcta y luego, después del incidente, continuaré como un asceta hasta que termine la investigación. Seré el viudo dolido por varios meses y, además, un padre perfecto e irreprochable.

Ser viudo es más interesante que ser soltero. Ya sabré aprovechar y disfrutar de mi nueva libertad.

Llego la noche esperada.

¡Duele mucho!…

Elizabeth acostó a Claudio Elio que no se sentía bien. Regresó al dormitorio, ingirió sus píldoras y se acostó.

Cerca de las 2.30 horas mientras ella dormía profundamente, encendí la luz de mi velador, me levanté e hice un poco de ruido. No se despertó.

Salí sigilosamente.

Ya en el parque me puse los zapatos de Andrés, el jardinero, y marqué huellas simulando pasos que llegan y se van.

Volví a calzarme mis pantuflas, me puse guantes y un pasamontañas negro. Imposible reconocerme.

Forcé la ventana con la barra de hierro y entré cuchilla en mano.

El plan marchaba a la perfección.

Junté coraje y le apliqué la primera puñalada. Ella dormida deja escapar un grito ahogado, presa del dolor y la sorpresa.

El asalto nocturno es un éxito.

A pesar de lo sorpresivo del ataque opone resistencia.

Desesperada se defiende como puede y alcanza a protegerse con las sábanas y la frazada. Se envuelve y se enrosca entre las cobijas. Hago un gran esfuerzo con mi izquierda para quitarle las mantas y asestar la segunda estocada con mi derecha. Me cuesta desarmarle el escudo que se formó alrededor de su cuerpo. ¡Por fin logro destaparla! Ahora podré asestar otra cuchillada.

Ella grita, gime, manotea al aire para alejarme.

Levanto el brazo derecho, el reflejo permite ver en las penumbras la hoja ensangrentada que voy a clavar en su cuerpo hasta dejarlo inerte.

Suena un estampido.

Me congelo del susto y llega el dolor agudo que huele a carne quemada.

Claudio Elio se sintió mal y se pasó a nuestra cama mientras yo preparaba mi ataque.

 El miedo y la embestida violenta lo sorprendieron, pero se mantuvo frío y lúcido.

Mientras yo, ciego de rencor y pánico, atacaba a Elizabeth, el niño tomó mi arma, apoyada sobre la mesa de luz, y disparó al intruso.

Estoy en la ambulancia desangrándome y siento que no resistiré. ¡Duele!

 Imposible llegar al hospital a tiempo.

¡Mejor así!

 

EL REGALO

A Hisch que con sus historias llenaba las pantallas.
Andrés Pérez Novillo cavaba en el fondo de la quinta y presuroso arrojó dentro del pozo los dos cuerpos.
Desde hacía quince años venía usando el dinero de su esposa y haciéndole los cuernos con cuanta joven mujer se le cruzara.
Como marido era el ejemplo de hombre amable, cariñoso y servicial. Ana Gloria lo amaba con todo su corazón y él sentía que lo ahogaba. Era el hombre consentido y mimado a más no poder, aficionado a la pesca. Sus correrías las practicaba al irse los fines de semana en busca de cardúmenes, dentro y fuera del agua.
Ana Gloria no escuchaba a su madre Inés Pual viuda de Ginés, quien cedió la dirección de la empresa familiar a su único yerno. Doña Inés había escuchado rumores dentro de la fábrica y en su momento advirtió a su hija. Ana Gloria no la escuchó y cerró el desagradable rumor pensando en la envidia que sentían aquellas pobres mujeres abandonadas en la plenitud de su incipiente madurez.
Habiendo hablado con Andrés y creyendo todas sus explicaciones siguió viviendo en el mejor de sus mundos.
Hace cosa de un mes, faltando unos días para su cumpleaños, Andrés propuso a su mujer que fuera a Necochea, acompañada de su madre a descansar y él terminaría con unos trabajos impostergables y luego se uniría al paseo un par de días antes del aniversario.
Ana Gloria hizo las reservas de hotel y preparó el automóvil para viajar tranquilas. Hubiese preferido ir en avión pero Andrés le pidió que llevara el auto. Saldrían el sábado de madrugada.
Él iría en cuanto terminara con unas entrevistas, volaría y luego pasearían, por la región, juntos hasta el regreso. Como es un apasionado del manejo sería el chofer de ambas mujeres.
La noche del viernes puso el plan en marcha.
Etelvina, la empleada doméstica, ya se había ido por todo el fin de semana.
Al caer la tarde, Andrés se puso a cavar en el fondo de la casa.
Ana Gloria sorprendida se acercó a curiosear en qué andaba su marido.
Sin advertencia alguna recibió un golpe de pala en la cabeza cayendo al piso. Su cuerpo inmóvil yacía entre las magnolias.
Andrés, simulando gritar, llamó nervioso a Inés, haciendo señas que la anciana no entendía.
Se acercó y al ver el cuerpo caído entre las flores corrió en su ayuda. El asesino no dudó y con un golpe certero en la base del cráneo mató a su suegra.
Ya era noche cerrada. Terminó de cavar y arrojó los dos cuerpos al fondo del pozo.
Los cubrió con tierra y disimuló lo removido con malvones y geranios mustios.
Se duchó y salió con el auto. Lo dejó cerca del viaducto de la avenida Iriarte donde inicia, o termina, la peligrosa villa miseria. Arrojó las llaves al piso y las carteras de las mujeres quedaron sobre las butacas delanteras.
Caminó un buen rato por las calles de Constitución y luego regresó a su casa.
Los guantes y la gorra pasamontaña, que le cubrieran el rostro las arrojó por separado en distintos recipientes de basuras que inundan la ciudad.
Ya instalado en su domicilio llamó a su primo para invitarlo a cenar. El pretexto era que estaba solo porque su mujer y su suegra habían partido hacia Necochea y prefería comer acompañado.
Fueron a uno de los tantos restaurantes de avenida Libertador y pasaron una agradable velada.
Andrés le comentó a su primo que tenía programado hacer un viaje a Europa a festejar su nuevo aniversario de casados. Sería una especie de segunda luna de miel.
Cerraron la noche con una buena copa y se despidieron hasta la próxima.
La tarde del sábado llamó al Hotel Gran Quequén y preguntó por Ana Gloria. Fingió sorpresa al escuchar que – Las señoras no han llegado- su interlocutora trató de calmarlo –Usted sabe, señor, el viaje es largo.
Andrés insistió y le recriminó a la telefonista en que habría un error. A su pedido, solícitos, los responsables del hotel fueron a la habitación 722 a verificar. Estaba libre.
Quedó en volver a llamar más tarde ya que posiblemente se entretuvieron por el camino.
Dejó pasar el tiempo.
Tomó el teléfono y llamó al hotel. La respuesta fue lacónica –No han llegado.
-Pero es casi media noche, no puede ser… Colgó.
De inmediato llamó a su amigo el Fiscal González Spietta y le explicó sobre su angustia por la desaparición de las dos mujeres.
Durante el día domingo fue informado que el automóvil fue hallado en poder de unos “dealers” del narcotráfico. Según declararon se apoderaron del auto abandonado por sus ladrones pero no sabían nada de las mujeres.
Idas y venidas durante cuatro días. Nada de nada.
El plan era un éxito, sólo un poco más de paciencia. Todo iba cerrando bien.
El viernes, día de su cumpleaños, a mediodía, lo llama Etelvina llorando, Andrés estaba reunido con dos de sus clientes.
-¿Qué pasa Etelvina?, ¿por qué llora?- insistió nervioso.
-Señor, estoy muy triste y emocionada…
-¿Por qué?, la tristeza la entiendo pero lo de la emoción. Me puede explicar por qué me llamó- le temblaban las manos y la voz, rápidamente pensó en alguna falla de su elaborado y bien concebido plan.
-Señor recordé que hoy es su cumpleaños y …
-Comprendo pero cálmese- ya respiraba mejor no estaba pasando nada especial.
-¡Es que la señora lo quería tanto!
-¡Sí Etelvina!, debo aprender a vivir sin ese amor que me prodigaba- ya se estaba fastidiando- ¡Bueno!, voy a colgar.
-¡No señor, no cuelgue!
-Es que estoy con gente y tengo cosas que hacer.
-Señor hace como dos horas llegó su regalo de cumpleaños.
-¿Cuál regalo?
– El que le hizo su señora.
-¡Por favor! Explíquese
– Su querida señora le regaló como sorpresa la pileta de natación que tanto quería y ya están excavando, donde ella misma les había dicho, en el fondo entre los geranios y magnolias.
Andrés colgó de inmediato.

 

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